martes, 19 de junio de 2012

EL EQUILIBRIO ATÓMICO

Si tomamos como referencia nuestro tamaño físico, todo lo que hay por encima hasta el infinito y lo que hay por debajo hasta el infinito está en equilibrio. Y si no lo está, busca equilibrarse.

Los átomos son estructuras moleculares muy peculiares. Antiguamente se creía que la materia era irreductible a partir de aquí. En la actualidad hay un mundo por debajo de ellos.
Aún así son curiosos. Son elementos que intentan mantener el equilibrio eléctrico en su última capa y así se mantienen eléctricamente neutros, en equilibrio. Los que lo consiguen, más o menos, por sí mismos, se les llama gases nobles ya que no necesitan combinar con ninguna otra clase de átomos. Los demás, para conseguir ese equilibrio en esa capa comparten, se unen, incluso roban electrones a otros elementos.
De esta forma forman otras estructuras llamadas moléculas. Y así van combinando sucesivamente dando lugar a los materiales sólidos, líquidos y gaseosos que vemos y tocamos en la vida. Y de ellos estamos compuestos nosotros.
Pues lo mismo nos pasa a nosotros mismos. Somos algo parecido a los átomos. Solo unos pocos consiguen el equilibrio por sí mismos. Podemos llamarles “personas nobles”. El resto hacemos todo tipo de combinaciones para conseguir ese equilibrio.
La combinación más común es la pareja. Después la familia. Luego los grupos, etc. Buscamos estar emocionalmente equilibrados para sentirnos tranquilos, queridos, amados, etc. A diferencia de los átomos, que los mueve la electricidad, a nosotros nos mueve el amor.
Electricidad y amor son dos energías que mueven el mundo. La primera une la materia, la segunda une a las personas.
Sin electricidad la materia no existiría. No podría buscar su equilibrio, no podría conbinarse y formar estructuras. Sin amor no podríamos estar juntos, no formaríamos parejas, familias, grupos, países, etc. Aunque queramos no podemos vivir sin amor. Es el pegamento que hace que seamos una especia única, irrepetible.
La existencia es muy sabía. Para que sus hijos puedan existir como personas nos ha dado el amor.
Nuestro corazón es similar a una batería eléctrica. Hay que estar recargándolo y a la vez se descarga. Y cuanto más damos más recibimos. El dar afecto funciona como la dinamo de un coche. En el acto de compartir se recarga nuestro corazón de amor, afecto y cariño.
Sin este alternador nos vaciaríamos de amor y nos volveríamos materia inerte, sin sentido, sin estructura. Esta energía es la que hace que combinemos los unos con los otros, al igual que lo hacen los átomos.
La electricidad es la “sangre” de la materia. La consciencia es la “sangre” del amor.

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