Los átomos son estructuras moleculares muy peculiares. Antiguamente
se creía que la materia era irreductible a partir de aquí. En la actualidad hay
un mundo por debajo de ellos.
Aún así son curiosos. Son elementos que intentan mantener el
equilibrio eléctrico en su última capa y así se mantienen eléctricamente neutros,
en equilibrio. Los que lo consiguen, más o menos, por sí mismos, se les llama
gases nobles ya que no necesitan combinar con ninguna otra clase de átomos. Los
demás, para conseguir ese equilibrio en esa capa comparten, se unen, incluso
roban electrones a otros elementos.
De esta forma forman otras estructuras llamadas moléculas. Y
así van combinando sucesivamente dando lugar a los materiales sólidos, líquidos
y gaseosos que vemos y tocamos en la vida. Y de ellos estamos compuestos
nosotros.
Pues lo mismo nos pasa a nosotros mismos. Somos algo
parecido a los átomos. Solo unos pocos consiguen el equilibrio por sí mismos. Podemos
llamarles “personas nobles”. El resto hacemos todo tipo de combinaciones para
conseguir ese equilibrio.
La combinación más común es la pareja. Después la familia. Luego
los grupos, etc. Buscamos estar emocionalmente equilibrados para sentirnos
tranquilos, queridos, amados, etc. A diferencia de los átomos, que los mueve la
electricidad, a nosotros nos mueve el amor.
Electricidad y amor son dos energías que mueven el mundo. La
primera une la materia, la segunda une a las personas.
Sin electricidad la materia no existiría. No podría buscar
su equilibrio, no podría conbinarse y formar estructuras. Sin amor no podríamos
estar juntos, no formaríamos parejas, familias, grupos, países, etc. Aunque
queramos no podemos vivir sin amor. Es el pegamento que hace que seamos una
especia única, irrepetible.
La existencia es muy sabía. Para que sus hijos puedan existir
como personas nos ha dado el amor.
Nuestro corazón es similar a una batería eléctrica. Hay que
estar recargándolo y a la vez se descarga. Y cuanto más damos más recibimos. El
dar afecto funciona como la dinamo de un coche. En el acto de compartir se
recarga nuestro corazón de amor, afecto y cariño.
Sin este alternador nos vaciaríamos de amor y nos volveríamos
materia inerte, sin sentido, sin estructura. Esta energía es la que hace que
combinemos los unos con los otros, al igual que lo hacen los átomos.
La electricidad es la “sangre” de la materia. La consciencia
es la “sangre” del amor.

interesante y reflexiva analogía
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