Hoy me apetece escribir. No sé sobre que hacerlo, pero si
plasmar en un papel como me siento. Encuentro un vacío en mi cabeza, no tengo
pensamientos. Esto es nuevo para mí. Jamás había sentido algo igual.
Vaciar la cabeza de cosas inservibles es muy parecido a
ordenar la casa después de una temporada colocando cosas por aquí y por allá. Es
como si todo ocupase su lugar, el sitio que le corresponde.
Siento que el lugar más importante de mi casa lo ocupa mi
ser, lo que soy. Tomar contacto con lo que soy e ir dejando a un lado mi
imagen, mi ego. Esta sensación me da confianza y seguridad. Me ayuda a ver lo
que quiero de verdad e ir a por ello. Y si por cualquier cosa esto no puede ser, pues lo acepto y estoy
tranquilo ya que es lo mejor para mí.
“Ser” es mi mayor anhelo. Ser sin pensar, ser sin actuar,
ser sin mentir, ser sin los demás, ser yo mismo.
Estar en contacto con mi centro me da tranquilidad. Sentir esa
tranquilidad me hace estar en paz con el mundo y con el universo.
Cuando vacío mi mente dejo de sentir. No siento. Los
sentimientos son de dos tipos. Están los generados por la mente. Si pienso en
un momento concreto de mi pasado, esté generará en mí una emoción de tristeza o
alegría según sea triste o alegre ese recuerdo.
Luego están las emociones que nos generan los sentidos. Estas
son espontáneas, actuales, dinámicas. Los sentidos no funcionan en el pasado ni
en el futuro. Sólo actúan en el presente. Uno no puede sentir en el cuerpo
nuevamente la caricia que le hicieron la semana anterior ya que las coordenadas
de espacio y tiempo no coincidirían. Puede recordar la emoción que le generó la
caricia, pero eso ya es cosa de la fantasía de nuestro cerebro que nada tiene
que ver con la acción recibida ni con el lugar donde se produjo.
Los sentidos nos muestran el mundo en el presente. Esta sensibilidad
que ofrecen a las distintas acciones que registran es lo que generan las
emociones espontáneas y dinámicas que son producidas mucho antes de que nuestro
cerebro pensante pueda ser capaz de captarlas, organizarlas y darles la forma
adecuada para poder ser comprendidas por el mismo.
Limpiar, pulir, abrillantar, dar prioridad a estos sentidos
es un trabajo que tenemos que realizar nosotros. Si los mantenemos sucios, la
percepción del mundo que nos rodea es irreal, no se ajusta a lo que sucede y
entonces tomamos por verdad lo que en un principio estaba deformado. A esto se
le llama sofisma.
Solo las emociones reales, actuales, nuevas generadas por
nuestros sentidos en el presente e interpretadas rápidamente por todo nuestro
cuerpo es lo que nos ayudará a ver la vida de forma fresca, viva, espontánea,
nueva, genuina, divertida, expectante, sorpresiva y sobre todo equilibrada.

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