miércoles, 13 de junio de 2012

EL JUEGO DE LA ANSIEDAD

Conozco a una persona que le diagnosticaron colon irritable y se le luxaban las mandíbulas. Fue a varios médicos y todos le decían básicamente lo mismo: “tienes que relajarte. Tienes que desestresarte”.
Siempre le he dicho que la noto muy ansiosa. Ella, como es normal, lo niega. Dice que la estoy sicoanalizando.
Es curiosa la ansiedad. Es un efecto que mucha gente que conozco sufre. Digo efecto ya que es consecuencia de…, no la causa en sí misma.
La raíz de todo es que pensamos mucho. Le damos muchas vueltas en la cabeza a todo lo que nos ocurre. Y la verdad,  no estaría mal si fuésemos capaces de pararla. De poder decirle a la mente: “!stop¡” y que nos hiciese caso. Pero no funciona así.

Nuestra mente es como un camión cargado de 40.000 kgr bajando un puerto de montaña y sin frenos. La carga, ósea la mente, antes o después nos arrolla. Si tienes suerte y sabes podrás hacer la “tijera” y como mucho tendrás un accidente. Si no sabes, tu cabina se empotrará contra la tierra y toda la carga te caerá encima.
La mente nunca está en el presente. Cuando estamos aquí y ahora, la mente se disuelve, desaparece. Solo queda el ser.
Como he dicho, la mente nunca está en el presente. O está en el pasado o en el futuro. Es curioso este juego. Fíjate: si está en el pasado, suele pararse más en los momentos en los que nos hemos equivocado. Con lo cual, con nuestra moralidad creemos que deberíamos haber actuado de otra forma y no haber cometido ese error. Así surge el sentimiento de culpabilidad.
Por el contrario, ella está también en el futuro. Tratando de controlarlo para no equivocarse. Entonces aparece la ansiedad.
Si esta en el pasado hay culpabilidad. Si está en el futuro hay ansiedad.
El grado de ansiedad es proporcional a la lejanía que se vaya en el futuro. Es decir, cuanto más al futuro vaya del presente la mente, más ansiedad generará.
Por lo común tendemos a negar, a ocultarnos esta ansiedad. Entonces el cuerpo, que registra todas nuestras emociones, como se encuentra en desequilibrio lo somatiza en forma de enfermedades: ansiedad, alergias, canceres, etc.
Hay quien dijo: “somos lo que comemos”. Yo digo: “las enfermedades que padecemos serán causa de cómo vivimos”.
Solo hay una forma de parar el “camión”. Y es poniéndole frenos y bajando despacito. En el caso de la mente, los frenos es la meditación e ir despacito es la paciencia.
Esto no es cosa mía. Los místicos de toda la Tierra que viven hoy en día y los que han vivido hace miles de años lo dicen. Yo no he inventado nada, todo está ya inventado entre el cielo y la tierra.
Meditar modera la mente. Amansa el espíritu. Para enfermedades. Cultiva el conocimiento. Despierta al niño. Cuida del adulto. Emociona al corazón.
Meditar es tomar consciencia y sin eso el camión se estrella.

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