Cuando fuimos niños era muy importante tener puntos de
referencia que nos hacían sentirnos seguros y confiados para poder aprender,
salir y descubrir el mundo en el cual viviríamos el resto de nuestra vida. Los primeros
puntos de seguridad emocional eran nuestros padres y hermanos.
Con la pubertad rompemos con estas líneas de referencia y
cogemos autonomía. Comenzamos a
responsabilizarnos de nosotros mismos y de nuestras acciones. Si en esta fase
no se hace una buena desconexión con esos puntos podemos quedar anclados a una
relación tóxica con un padre, madre, hermano, etc.
Con el paso del tiempo, este mismo juego puede sucedernos
con otras personas que han formado parte de nuestro corazón de una manera
importante. Por ejemplo una pareja, un amigo, etc.
Estos anclajes están presentes debido a que en una época
pasada de nuestras vidas fueron necesarios para nuestra subsistencia. Eran beneficiosos
y nos aportaban recursos materiales o afectivos que hacían que nuestra vida
fuese más fácil, así como nos generaban seguridad y confianza.
El paso del tiempo y el hecho de que nuestras necesidades
vayan cambiando conforme vamos creciendo hacen que estos puntos de fijación se
vayan quedando obsoletos. La forma de relacionarnos con las personas ha de cambiar
a la vez que lo hacemos nosotros. Ha de ser dinámica, cambiante.
Si esta evolución no sucede nos quedamos fijados a esa
persona y nos volvemos obsesivos. Entonces entramos en una espiral de
sufrimiento de la cual es muy complicado salir. Al quedarnos anclados nos
convertimos en una carga para esa persona. Entonces se agobia y quiere escapar.
Al sentir esto aparece el miedo y la sensación de pérdida en nosotros y nos
fijamos mucho más. Y así sucesivamente hasta que la relación se deteriora tanto
que es casi imposible vivir con esa persona.
No hace falta decir que la posesión, el agobio y la
obligación son puñales que clavamos al amor y el corazón termina desangrándose y
quedándose seco poco a poco.
Este juego del anclaje puede tener una particularidad, y es que
la persona a la que te has quedado fijado acepte llevarte a cuestas. Esto en
principio no tiene mayores problemas, pero a la larga, esa relación se vuelve
totalmente dañina para ambos ya que no es una forma de racionarse sana.
Los anclajes emocionales nos mantienen en lo inservible. Y
aunque suceden en el presente, sus bases están fijadas en el pasado. Nos condicionan
en la actualidad debido a que seguimos viendo la vida con los ojos del pasado. Es
decir, con los ojos del recuerdo. Estamos viviendo en los recuerdos no en el
aquí y ahora.
Las fijaciones nos mantienen muertos a la vida, que no
veamos la realidad del momento, del presente. Que no seamos capaces de
adaptarnos a las nuevas circunstancias que rodean nuestra vida. Y lo peor,
impiden que nos relacionemos con los seres queridos y por ende, con los
restantes seres del universo de forma sana y saludable.
Deshacernos de un anclaje no significa que dejemos de amar a
esa persona, sólo hace que surja de verdad el amor por ella comprometiéndonos, amándonos,
dándonos espacio y consciencia.
Solo aumentando la consciencia seremos capaces de ver este
juego, aprender de él y deshacerlo. Una vez que lo sacamos de la oscuridad y le
ponemos luz, lo deshacemos y podemos ser libres y comenzar a amar el presente.
Deshacernos de ellos es madurar, crecer y hacernos
responsables de nuestra vida. Solo a través de la meditación podemos llegar a
ese grado de comprensión necesario para volver a ser nosotros mismos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario