Por suerte o por desgracia tengo un espacio en mi casa donde
puedo poner la hamaca, taparme con una sabana ya que refresca todavía, y mirar
las estrellas.
Nunca me habían llamado mucho la atención. Pero desde que
tenía que sacar a Rony a pasear por la noche comencé a poner mi atención en el
cielo. Ahora me paso horas mirándolas. Solo conozco una constelación, la de Orión,
pero me gusta verlas ahí.
La otra noche, al contemplarlas, vi una que se movía en
línea recta. Apareció en el firmamento y unos pocos segundos después desapareció.
Para mí solo recorrió unos metros, pero en el firmamento seguro que fueron
miles de km.
Pensé que sería la Estación Espacial Internacional, pero mí
otra igual con dirección contraria unos minutos después. Esto me hizo pensar
que serian satélites. Después vi otro y otro. Así hasta cuatro en una noche. Otras
noches he llegado a contabilizar siete avistamientos de satélites
¿Cómo es que es la primera vez que los veo? Ellos llevan
años arriba y yo los veo este verano. Supongo que mi vista no la tenía
adiestrada ni con la suficiente sensibilidad como para poder captarlos. También
hay que contar con la paciencia, tranquilidad e intensidad con que observo las
estrellas.
Pues esto nos pasa con el corazón. Muchas veces no vemos las
cosas que están ahí, que saltan a la vista porque no tenemos la visión del
corazón adiestrada para verlo. Tampoco tenemos la paciencia, tranquilidad e
intensidad para ver las cosas que nos rodean.
El ritmo de la vida, el querer ser lo que no somos, el creer
en sofismas existenciales que nos confunden más y más y más. Si queremos
encontrar la felicidad hemos de conseguir que nuestra vista vuelve a ser la que
teníamos cuando éramos niños. Y sobre todo, una vista con paciencia y con ganas
de aprender lo que realmente necesitamos y no cosas que no nos sirven nada más
que para liarnos confundirnos y que no nos dejen ver lo que de verdad queremos.
Entonces podremos ver, además de las estrellas que siempre
están ahí, los satélites que siendo fugaces y pasajeros, nos enseñan otra forma
de ver el universo en el que nos ha tocado vivir, cuidar y respetar.

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