martes, 19 de junio de 2012

LA DANZA DE LA NATURALEZA


Estoy observando la palmera que hay frente a mi casa. El viento la azota con fuerza. Las palmas se mueven y se mecen al ser golpeadas por el aire. Flexionan y ceden a esta presión y cuando esta cesa vuelven a su posición inicial.

La fuerza que ejerce el aire es contrarrestada por la fuerza con que el tallo de la palma se aferra al tronco. Así mantienen un equilibrio y no quiebran y caen al suelo. Aún así estas ceden al viento.
Ceder ante una experiencia en la vida es mantener el equilibrio. Lao Tse decía en el Tao Te King que dar un paso atrás es mantenerse integro. Y estoy de acuerdo con él. Las palmas ceden un paso ante el viento y así se mantienen sujetas a la palmera. Ceder un paso en nuestra existencia es ser fuertes. Es estar anclados al suelo, a nuestra madre tierra.
Flexibilizarnos ante un problema es buscarle el cincuenta por ciento a la solución, es buscarle resolución desde otros ángulos. Ampliando la percepción de las varias opciones que siempre están y no vemos en muchas ocasiones. Es hacernos sabios, es crecer en madurez y buscar lo que queremos.
Por el contrario, la rigidez nos da dureza, rotura, fracaso. Ser rígidos, robóticos nos pone condicionamientos, previsibilidad, nos hace neuróticos y nos saca de la realidad.
La propia existencia  ha dado sus pasos atrás y ha cambiado de camino hasta que ha encontrado lo que buscaba. Si no crecemos y la comprendemos, también nos destruirá e intentará buscar unos seres más puros y armoniosos.
Eso hizo en las grandes extinciones. Una y otra vez destruyo lo creado y volvió a crear desde el material que ya tenía. Nuestra madre naturaleza es sabía. Cuidémosla, respetémosla y ella hará lo mismo con nosotros. Por el contrario nos destruirá y generara otros seres más perfectos que nosotros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario