Estoy observando la palmera que hay frente a mi casa. El
viento la azota con fuerza. Las palmas se mueven y se mecen al ser golpeadas
por el aire. Flexionan y ceden a esta presión y cuando esta cesa vuelven a su
posición inicial.
La fuerza que ejerce el aire es contrarrestada por la fuerza
con que el tallo de la palma se aferra al tronco. Así mantienen un equilibrio y
no quiebran y caen al suelo. Aún así estas ceden al viento.
Ceder ante una experiencia en la vida es mantener el equilibrio.
Lao Tse decía en el Tao Te King que dar un paso atrás es mantenerse integro. Y
estoy de acuerdo con él. Las palmas ceden un paso ante el viento y así se
mantienen sujetas a la palmera. Ceder un paso en nuestra existencia es ser
fuertes. Es estar anclados al suelo, a nuestra madre tierra.
Flexibilizarnos ante un problema es buscarle el cincuenta
por ciento a la solución, es buscarle resolución desde otros ángulos. Ampliando
la percepción de las varias opciones que siempre están y no vemos en muchas
ocasiones. Es hacernos sabios, es crecer en madurez y buscar lo que queremos.
Por el contrario, la rigidez nos da dureza, rotura, fracaso.
Ser rígidos, robóticos nos pone condicionamientos, previsibilidad, nos hace
neuróticos y nos saca de la realidad.
La propia existencia
ha dado sus pasos atrás y ha cambiado de camino hasta que ha encontrado
lo que buscaba. Si no crecemos y la comprendemos, también nos destruirá e
intentará buscar unos seres más puros y armoniosos.
Eso hizo en las grandes extinciones. Una y otra vez destruyo
lo creado y volvió a crear desde el material que ya tenía. Nuestra madre
naturaleza es sabía. Cuidémosla, respetémosla y ella hará lo mismo con
nosotros. Por el contrario nos destruirá y generara otros seres más perfectos
que nosotros.
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