El viento soplaba. El sol lucía alto e implacable. El calor
abrasaba la piel y el Mar Menor generaba olas que morían en la orilla con un
sonido suave y monótono.
Un pajarillo venia volando hacia mí y se posa delante, justo
en el borde del mar. Daba un saltito hacia el agua justo antes de que la ola
llegase a la orilla. Se bañaba metiendo la cabeza bajo el agua elevando esta
hasta que le pasaba por la espalda y llegaba hasta su colita.
Entre tanto la ola había llegado hasta él y lo arrastraba un
poco hasta la orilla. Cuando sus patitas tocaban la arena, volvía a hacer el
mismo juego.
Lo veía alegre, dicharachero, con chulería y sobre todo,
totalmente centrado en su baño.
Ha llegado otro de la misma clase: blanco, con la cabecita
negra y el pico naranja. Sus alas eran largas, afiladas y puntiagudas. Y se ha
puesto a bañarse de la misma forma, con idéntico juego. Y ha llegado otro, y
otro y otro. En total se han juntado cinco pajarillos en la orilla.
Han montado un revuelo a piar, pero parecían entretenidos en
su baño. Ha llegado otro mas y uno de los que estaban bañándose ha alzado el
vuelo y se ha elevado unos cinco metros del sueño. Los restantes le han seguido
y juntos han volado unos seis metros contra el viento e internándose en el mar.
De pronto el primero ha girado en redondo y ha vuelto al
lugar inicial y ha comenzado a bañarse nuevamente. Los demás lo han seguido y
tras unos minutos en el agua han alzado el vuelo todos juntos y se han perdido
en las salinas con su piar constante.
Justo al lado pero en la arena, un gorrión hacía una danza
frente a otro más pequeño. Bajaba sus alas hasta el suelo y se giraba dando
saltitos. El gorrión de menor tamaño y plumaje uniforme se tiraba a picarle. Pero
él seguía una y otra vez haciendo su danza.
Han alzado el vuelo pasando por delante de mi vista y el
grande seguía al pequeño que se ha parado al lado de una barca de fibra de
vidrio. La danza no cesaba frente la pajarillo de color uniforme y le devolvía el
piqueteo constante. La situación ha continuado hasta que ambos se han perdido
de mi vista por detrás del barco.
Todo ha sucedido de forma natura. Ellos estaban enfrascados
en sus acciones y poco o nada les importaba que les estuviesen observando. Sus danzas,
sus movimientos, sus relaciones formaban la vida. Ellos eran la vida. Y yo mirándoles,
me sentía alegre, me sentía vivo. Sentía que también era vida.

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