jueves, 7 de junio de 2012

LA DANZA DE LA VIDA

El viento soplaba. El sol lucía alto e implacable. El calor abrasaba la piel y el Mar Menor generaba olas que morían en la orilla con un sonido suave y monótono.
Un pajarillo venia volando hacia mí y se posa delante, justo en el borde del mar. Daba un saltito hacia el agua justo antes de que la ola llegase a la orilla. Se bañaba metiendo la cabeza bajo el agua elevando esta hasta que le pasaba por la espalda y llegaba hasta su colita.
Entre tanto la ola había llegado hasta él y lo arrastraba un poco hasta la orilla. Cuando sus patitas tocaban la arena, volvía a hacer el mismo juego.
Lo veía alegre, dicharachero, con chulería y sobre todo, totalmente centrado en su baño.
Ha llegado otro de la misma clase: blanco, con la cabecita negra y el pico naranja. Sus alas eran largas, afiladas y puntiagudas. Y se ha puesto a bañarse de la misma forma, con idéntico juego. Y ha llegado otro, y otro y otro. En total se han juntado cinco pajarillos en la orilla.
Han montado un revuelo a piar, pero parecían entretenidos en su baño. Ha llegado otro mas y uno de los que estaban bañándose ha alzado el vuelo y se ha elevado unos cinco metros del sueño. Los restantes le han seguido y juntos han volado unos seis metros contra el viento e internándose en el mar.
De pronto el primero ha girado en redondo y ha vuelto al lugar inicial y ha comenzado a bañarse nuevamente. Los demás lo han seguido y tras unos minutos en el agua han alzado el vuelo todos juntos y se han perdido en las salinas con su piar constante.
Justo al lado pero en la arena, un gorrión hacía una danza frente a otro más pequeño. Bajaba sus alas hasta el suelo y se giraba dando saltitos. El gorrión de menor tamaño y plumaje uniforme se tiraba a picarle. Pero él seguía una y otra vez haciendo su danza.
Han alzado el vuelo pasando por delante de mi vista y el grande seguía al pequeño que se ha parado al lado de una barca de fibra de vidrio. La danza no cesaba frente la pajarillo de color uniforme y le devolvía el piqueteo constante. La situación ha continuado hasta que ambos se han perdido de mi vista por detrás del barco.
Todo ha sucedido de forma natura. Ellos estaban enfrascados en sus acciones y poco o nada les importaba que les estuviesen observando. Sus danzas, sus movimientos, sus relaciones formaban la vida. Ellos eran la vida. Y yo mirándoles, me sentía alegre, me sentía vivo. Sentía que también era vida.

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