Cuando una persona nace necesita aprender todo para poder
vivir los años que le corresponden en esta vida. Nacemos en blanco y somos
totalmente dependientes de nuestros padres o de aquellas personas que asuman
esa función.
Nacemos como seres bipolares que somos, es decir, tenemos
dos polos. En este caso, masculino y femenino que se van desarrollando con el
paso del tiempo y conforme vamos creciendo.
En la infancia es básico que nuestros referentes a los
cuales imitemos para aprender a existir sean hombre y mujer. Ha de ser así para
que absorbamos lo esencial de lo masculino y lo femenino. Por eso el padre
cumple una función, la madre cumple otra y el hijo aprende de ambos. Somos
síquicamente mitad nuestro padre y mitad nuestra madre.
Esto es complicado de asimilar. Hemos de hacer el esfuerzo
si queremos que la consciencia del mundo aumente.
En esta imitación que hacemos, aprendemos patrones de
comportamiento, juegos sicológicos, chantajes emocionales, manipulaciones, etc.
También aprendemos a comprender, a escuchar, a amar, a besar, a abrazar, etc.
Por esta razón, para mí, es muy importante que las familias estén compuestas de
una relación a tres bandas, donde está la figura del padre, de la madre y del
hijo o hija.
Es una responsabilidad importante ser padre o madre. Saber
que tu hijo va a aprender muchos comportamientos tuyos es muy serio. Que te va
a imitar en lo bueno y en lo malo, es asumir que tú dejas un legado a tu hijo
en principio y a este mundo en segundo lugar.
Necesitamos aumentar la atención en nosotros para que nos
demos cuenta de que queremos que nuestros hijos aprendan de nosotros. Que
sepamos que queremos enseñarles y que pueden necesitar de nosotros para la vida
que les espera en este mundo.
Es cierto que hay personas que jamás deberían haber tenido
un hijo. No sirven como padres en el momento emocional en el que se encuentran.
Seguro que harán lo que puedan por sus hijos, aunque lo que realicen sólo sea
hacer daño a estos. Aún así, son los padres de uno y nos han dado la vida.
Como he dicho, ser padre conlleva una responsabilidad y
hacernos responsables pasa primero por descubrir que queremos que nuestros
hijos aprendan de nosotros.
Cuando el hijo crezca, si quiere deshacerse de esos juegos
ya será cosa de él y que necesite trabajarse emocionalmente. Pero lo que
aprenda hasta aquí es cosa de la familia. Y lo más importante, por egoísmo
darle lo mejor que se pueda al retoño, y eso pasa porque los padres sean lo más
importante.

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