No recuerdo los distintos sueños que he tenido, aunque el último
de ellos si lo he mantenido en el consciente y lo recuerdo.
En mi sueño, alguien, que no recuerdo, me ha preguntado como
entendía yo el equilibrio de los cuerpos celestes.
Al intentar explicárselo, después de sentir muchas
reticencias ya que no sabía si estaría en lo cierto, me he visto delante de una
pizarra de aula de colegio. Con sus mesas, sillas, ventanas y lo menos común,
el suelo estaba ligeramente inclinado hacia la zona del profesor y la pizarra.
La clase completamente vacía. Por las ventanas entraba una luz blanca desde lo
alto.
He comenzado mi explicación dibujando planetas con tiza
blanca, ejes, circunferencias y lados en azul. Conforme iba avanzando en mi
explicación, sentía que cogía confianza en mi concepto del equilibrio del
universo. Explicaba y explicaba y no paraba de dibujar. En esos instantes
sentía la presencia de alguien que me escuchaba atentamente pero no podía
identificarlo.
Recuerdo que mi sueño ha estado así durante un tiempo
indefinido donde las cosas que decía tenían toda la coherencia intelectual,
emocional y física. Y estaba totalmente seguro que la idea del equilibrio del
universo es así para mí. Me sentía como un físico que había descubierto una
teoría pero sin haber estudiado física, ni matemáticas y sin haber estado en la
universidad.
Me sentía una sapiencia que no venía del exterior, que nadie
me había enseñado y que había descubierto por mí mismo y los conocimientos para
desarrollar todo eso ya los tenía. Los sabía sin tener consciencia de ellos.
Como una sabiduría que transcendía el espacio y el tiempo. Que venía de mi
interior más profundo y remoto.
Cuando he llegado al final de mi explicación sobre el
equilibrio, he dejado de dibujar, me he girado hacia la mesa del profesor y
allí estaban dos compañeros de trabajo concretos. No voy a decir nombres, pero
ambos, curiosamente me han enseñado muchas en mi vida.
Cuando me he girado, ellos estaban allí, uno sentado en la
mesa, otro de pie, mirándome atentamente, callados ambos. Les he dicho: “hasta
aquí lo que sé del equilibrio del universo. Esto es lo que sé hasta este
momento”.
Me he girado nuevamente sobre mis pies y me he dirigido a mi
pupitre callado, con la cabeza baja. Sintiendo que se cosas pero que desconozco
muchas más. Me he sentido confiado en lo que sé, pero consciente de que lo que
desconozco es muchísimo más que lo que conozco.
De camino por el pasillo a mi mesa me he despertado.
Ahora tengo una sensación agridulce en mi corazón. Por un
lado sé que conozco cosas, por otro, que desconozco un universo de cosas.

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