viernes, 7 de septiembre de 2012

LOS SIETE PECADOS CAPITALES


Recuerdo que en alguna ocasión leí que realmente los pecados capitales eran más de veinte y ocho, pero ante la imposibilidad de poder recordarlos todos, la iglesia los refundió en siete. Esto lo tengo por algún lado de mi memoria. Tal vez no sea cierto, eso no importa. Para mí lo importante es el sentido que tienen en nuestras vidas los pecados y como es que nos martirizan tanto.
Para ser conscientes de lo que es el pecado, creo importante saber que es una palabra creada con un significado totalmente diferente al que le damos.
Para los griegos, pecado se decía hamartía y era fallo de la meta, no dar en el blanco. Es algo así como errar el tiro. Con anterioridad en arameo, idioma que hablaba Jesús, significaba olvido. Olvido de algo que estaba presente.
El concepto religioso es la trasgresión voluntaria de la norma o precepto religioso que aleja al hombre de la voluntad de dios.
Reconozco que no entiendo mucho de dios. Pero si veo que creó la vida para que la disfrutásemos. Yo me quedo con la definición del pecado que tenían los griegos o del significado en arameo. Creo que es el sentido que Jesús le dio. “vete y no peques mas” se asemeja más a vete y no lo olvides que has trasgredido una norma que te acerque a dios.
Para mí el sentido que Jesús le dio al pecado es más humano, creativo, aleccionador, amoroso y reparador que el que ha impuesto la iglesia en todos estos siglos.
Cuando miro los pecados capitales: lujuria, envidia, ira, gula, avaricia, pereza y soberbia. Me están diciendo que cuando se cometen estamos errando el tiro. No estamos dando en el blanco para ser felices. Para ser nosotros mismos.
Cometer un pecado nos aleja de nuestro centro y por lo tanto nos predisponen a olvidar lo que lo que queremos, somos y amamos. Nos volvemos más oscuros ya que nos aparta de la consciencia, del tener presente, del no olvidar.
Los pecados si sabemos mirarlos bien, cuando los cometemos, nos muestran la cruz de la moneda y por ende, la cara no estará muy lejos, sólo que no somos capaces de verla. Aprender a mirar adecuadamente, con la perspectiva necesaria puede hacernos libres y que encontremos la felicidad.
Lao Tse decía que somos polares, yin y yan. Si hay cielo también hay infierno. Si hay pecado hay trascendencia. De hecho los mayores maestros han sido pecadores anteriormente. O en la iglesia. Los mayores santos anteriormente han sido pecadores. No es casualidad.
Hemos de trascender y para ello hay que meterse de lleno en las emociones, en los pecados. Descubrir de donde vienen, cual es su efecto, hacia donde nos llevan y que aprendemos de ellos.
La base de errar el tiro es no ser consciente de nosotros mismos. No ser consciente de nuestro vacío interno, de nuestra soledad innata.
La tristeza es una emoción que surge cuando no estamos acostumbrados a contactar con nuestro ser, con nuestro vacío. Este mal contacto o el evitar esta emoción hace que no descubramos lo que de verdad necesitamos. Al no saber esto, hacemos lo que creemos que es lo que queremos y entonces entramos en el terreno de la idea, de la teoría. Esta zona es muy peligrosa, entra la fantasía y evita que estemos en nuestra realidad. Esta confusión es un terreno muy bien abonado para el pecado, para errar los tiros, para olvidar lo que de verdad queremos y necesitamos para sentirnos llenos y felices.
Los pecados no nos envían al infierno, solo muestran que ya estamos metidos en el, son un síntoma no la enfermedad. No nos condenan a nada. Solo muestran nuestro mal contacto con la realidad. Si volvemos a hacer un buen contacto volveremos a ser nosotros mismos, saldremos de nuestro infierno particular y tocaremos nuestro cielo. Podrán decirnos: “levántate, vete y no vuelvas a pecar”
Solo así conseguimos ser sabios y superarlos. Sólo tomando consciencia de la enfermedad podremos sanarnos. Esta toma de consciencia es el cincuenta por ciento del problema.

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