En latín es luxus: abundancia, exuberancia. Es considerado
un deseo sexual desordenado e incontrolable.
Es sexo es algo muy básico e individual en nosotros. Somos
seres sexuales y hemos de vivir así toda nuestra existencia. Nos va a acompañar
en nuestro viaje y no estar equilibrados en él puede hacernos mucho daño física
y emocionalmente. Es una estructura tan básica que es transmitida por el padre
en forma de cromosoma X o Y.
Es cierto que el deseo sexual desordenado lleva a un vacío
emocional que hace que en lo más profundo del ser, la persona no se sienta bien
con ella misma. En un principio, el sexo descontrolado, sexo por sexo, es muy
atractivo, divertido, emocionante. Pero con el paso del tiempo uno se va
secando emocionalmente ya que no pones en juego las emociones y no te
enriqueces de ellas. Se convierte en una rutina y ya da igual estar con esta
persona o con aquella. Las sensaciones son las mismas.
Poco a poco te automutilas creando la imposibilidad de
enamorarte y de generar emociones por otra persona. Entonces te vuelves
promiscuo y retroalimentas la espiral de tu propia decadencia interior.
Evitar el vacío interno retroalimenta meteré más de lleno en
la lujuria. Así se entra en la espiral autodestructiva e insana para el
individuo que lo sume en la confusión que lo lleva a la ansiedad por no poder
controlar este comportamiento. Esto desgasta energéticamente, agota y nos sume
en la oscuridad del alma.
Pero como toda moneda tiene su cara y su cruz. Para mí no es
en sí mala la lujuria. Es más, alentó a que las personas se adentren más y más
y más en ella, sin hacer daño a terceros. Con esta actitud descubrirá que es lo
que lo ha empujado a llevar a cabo esto y que es lo que desea cada uno en el
sexo para sí y para los demás. Si no se experimenta jamás sabremos que queremos
y que no. Experimentar la lujuria nos hace más sabios, más conocedores de
nosotros mismos y de nuestros deseos.
Yo prefiero que cada uno entre en ella con consciencia de
experimentar, a entrar sin saber que nos ha metido, porqué, para qué y a donde
nos puede llevar.
Necesitamos quitarle las connotaciones religiosas que la
iglesia le ha puesto en su propio provecho para tener el poder. Para someternos
en nombre de Jesús y coartarnos nuestra
libertad. Imponer un reino de terror y oscuridad.
Por suerte, esto está cambiando en occidente. La lujuria de
la iglesia la han creado ellos para justificar su propia decisión de ser
célibes. Por esta decisión hace aguas por todos lados y si no, ver los casos de
pederastia denunciados en el todo el mundo. Ser célibe es antinatural.
Lo natural es tener una actitud sexual equilibrada.
Consciente, haciendo lo que necesitamos de verdad y respetando a los demás en
nuestras relaciones sexuales. Mantener una actitud abierta, libre y sin cargas
culturales, basada en la propia experimentación y sin que nos influya lo que
los demás puedan opinar de nosotros.
Si la lujuria nos atenaza. Creo que lo mejor para
trascenderla es fluir conscientemente con
ella y no perdernos en esta fase del camino.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarHola escultor. He leído tu artículo sobre la lujuria y lamento decirte que no coincido casi en nada contigo, salvo en que la lujuria nos hace siempre (no a veces) daño, ya que el sexo es algo natural y bueno, mientras que la lujuria causa un desorden emocional serio que afecta a nuestro equilibrio. Cuando intentamos ir contra la ley natural nos hacemos daño a nosotros mismos, aunque queramos disfrazar la realidad y tarde o temprano pagamos las consecuencias, nos guste o no. Lo se muy bien pues lo viví en mis carnes durante años. Lo que ocurre es que al principio se tolera el dolor, pero llega un momento que se hace insufrible. Llegado ese tiempo darías lo que fuera por ser libre y no esclavo. La lujuria solo tiene una cara, y esta cara es la Cruz, una Cruz bien pesada y difícil de llevar, pero adquirida libremente.
ResponderEliminarPor otro lado culpar a la Iglesia de haber creado esta Cruz para justificar el celibato es una enorme y total hipocresía. La Iglesia fiel al mensaje de Jesucristo lo único que hace es anunciar, al que la quiera escuchar, que el que peca es un esclavo y que solo el Hijo de Dios puede hacernos libres, y esto es válido incluso para aquellos sacerdotes (por cierto un porcentaje muy pequeño) que dentro de la Iglesia también han caído en el pecado y por lo tanto son esclavos, quiénes por cierto tendrán que rendir cuentas ante la justicia de la tierra y ante Dios por su pecado. A mi Cristo me libró de esa esclavitud y me mostró a su Iglesia.
Finalmente decir que lo mejor para trascenderla es fluir conscientemente con ella, es no saber nada de cómo liberarse de ese enorme vacío espiritual.
Hola escultor. He leído tu artículo sobre la lujuria y lamento decirte que no coincido casi en nada contigo, salvo en que la lujuria nos hace siempre (no a veces) daño, ya que el sexo es algo natural y bueno, mientras que la lujuria causa un desorden emocional serio que afecta a nuestro equilibrio. Cuando intentamos ir contra la ley natural nos hacemos daño a nosotros mismos, aunque queramos disfrazar la realidad y tarde o temprano pagamos las consecuencias, nos guste o no. Lo se muy bien pues lo viví en mis carnes durante años. Lo que ocurre es que al principio se tolera el dolor, pero llega un momento que se hace insufrible. Llegado ese tiempo darías lo que fuera por ser libre y no esclavo. La lujuria solo tiene una cara, y esta cara es la Cruz, una Cruz bien pesada y difícil de llevar, pero adquirida libremente.
ResponderEliminarPor otro lado culpar a la Iglesia de haber creado esta Cruz para justificar el celibato es una enorme y total hipocresía. La Iglesia fiel al mensaje de Jesucristo lo único que hace es anunciar, al que la quiera escuchar, que el que peca es un esclavo y que solo el Hijo de Dios puede hacernos libres, y esto es válido incluso para aquellos sacerdotes (por cierto un porcentaje muy pequeño) que dentro de la Iglesia también han caído en el pecado y por lo tanto son esclavos, quiénes por cierto tendrán que rendir cuentas ante la justicia de la tierra y ante Dios por su pecado. A mi Cristo me libró de esa esclavitud y me mostró a su Iglesia.
Finalmente decir que lo mejor para trascenderla es fluir conscientemente con ella, es no saber nada de cómo liberarse de ese enorme vacío espiritual.