Otros síntomas son: altivez, arrogancia, vanidad, etc. Como antónimos:
humildad, modestia, sencillez, etc. El principal matiz que las distingue está
en que el orgullo es disimulable e incluso apreciado, cuando surge de causas
nobles o virtudes. Mientras que la soberbia se la concreta con el deseo de ser
preferido por otros, basándome en la satisfacción de la propia vanidad.
Creo que de todos los pecados el peor es la soberbia. Ser soberbio
te impide ver los demás y no poder ver este mismo. Que tomes consciencia de
ellos y puedas hacer algo para modificar la conducta.
Ser una persona con soberbia impide que estés en contacto
contigo mismo y con el mundo que te rodea realmente muestras que tu vives en las
superficie, en lo superfluo y que no tienes consciencia delo profundo de la
vida.
Ser orgulloso tampoco es nada bueno para nosotros. Por orgullo
no perdonamos cuando nos hacen daño. O no permitimos que los demás se puedan
acercar a nosotros. Evita que digamos lo que sentimos y necesitamos. Y lo peor,
impide que contactemos con nuestro interior y crea las mascaras y escudos con
los cuales nos relacionamos con los demás. Estos escudos nos protegen y a la
vez impiden que nadie entre sintiéndonos en una cárcel y en soledad.
La soberbia y el orgullo se asientan en el deseo, no en la
realidad y lo peor, el soberbio es el último en enterarse de que no tiene razón.
Como ya sabemos, el deseo pertenece al futuro y el por venir sólo esta en la
mente. Así que moderando los deseos de
nuestros pensamientos podemos debilitar tanto a la soberbia como al orgullo.
También es cierto que ambos pertenecen a la incomprensión y
a la ignorancia. Si escavamos un poco en las personas que lo padecen nos damos
cuenta que no saben tanto o que son expertos en un campo peor ignorantes en
muchos otros y con ella cubren esta falta.
Es imposible que una persona sabia sea soberbia. El hecho de
conocer la verdad hace que te vuelvas humilde ante la impotencia que se siente
cuando comienzas a comprender las fuerzas descomunales que hacen girar el mundo
y el universo.
Todo surge del vacío interno que no queremos ver. De ahí
nos montamos todo un sistema de
andamiajes para evitar ese agujero y al final creamos la figura falsa que nada
tiene que ver con nosotros y lo peor, la mantenemos a toda consta con el
consiguiente gasto emocional y energético.
Caer en el agujero es doloroso pero genuino. Estar en él es
confuso y sufrido y a la vez nos sumergimos en nuestra verdad y en la realidad
de la vida.
Ahí se nos caen todas las máscaras, todos los escudos. En el
silencio interior todo se transforma y fluye de forma natural.
Según mi criterio, necesitamos meternos más en la soberbia
con consciencia. Descubrir que queremos evitar con ella. Ver que si la sentimos
no muy lejos está la humildad, la sencillez. De hecho, queremos mostrar esto
último y nos sale una falsa humildad hacia los demás. Esto solo lo cree el que
monta el tinglado ya que los demás lo calan rápidamente.
Como he dicho anteriormente, la soberbia es la peor y por
eso la he dejado para el final. Esta nos impide ver los demás pecados y por
ellos la peor. Una persona así es muy desgraciada en su interior. Además, le
impide pedir ayuda para poder salir de donde se encuentra encerrada lo que
multiplica el dolor.
Meterte en ella con consciencia puede ser el comienzo de la
solución. Es el principio para enfrentarse a ella y comenzar a debilitarla y
poder vencerla.
Quedarnos en nuestro vacío también es una buena estrategia
así como aumentar nuestra consciencia. Con esto comenzamos el proceso de ir
desde la periferia, la superficialidad de nosotros mismos hasta lo más profundo
de nuestro ser.
Este viaje es duro, complicado, confuso, doloroso y sufrido,
pero a la larga merece la pena. Nos volvemos más humanos, más normales, más
genuinos y comprensivos con el mundo.
Este camino es una elección personal. Si lo haces eres
valiente y si no, también lo eres ya que estas dispuesto a sufrir lo indecible.
Comprendo ambas opciones y tengo clara cual elegiría ¿lo
tienes tu?

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