viernes, 7 de septiembre de 2012

IRA

Una emoción que se expresa con el resentimiento, furia o irritabilidad. Es vista como una forma de reacción y respuesta de evolución para permitir a la gente enfrentarse a las amenazas.
Leyendo la definición veo una gran contradicción. Cuando existe el resentimiento, furia o irritabilidad es cuando nuestra forma de pensar actúa. Uno puede tener una situación que no le gusta o no acepta. Entonces sale la ira. Creo que la ira no está bien definida en la Wikipedia.
Si es vista como una reacción a una amenaza es que estamos codificados para reaccionar así. Es instantáneo, efecto-reacción. Si uno le va a picar una serpiente, su reacción es automática, instantánea. No está pensando en cómo actuar. Simplemente actúa, se aleja de la amenaza según la codificación genética y evolutiva.
La respuesta ante cualquier situación no implica pensar. Si piensas ya no estás respondiendo, actúas bajo el criterios de la mente. Para mí responder es actuar de forma espontánea. Sin codificación alguna. Si vas a un bar y tu hermano te pregunta que quieres, respondes, una coca-cola. Es una respuesta espontánea. Uno siente su apetencia, que le gustaría tomarse y que le puede sentar bien a su cuerpo. No piensa, chequea rápido su apetencia y responde de forma espontánea. No influye el pensamiento, no actúa el código genético, no hay condicionamiento antes. Sólo es lo que te apetece de forma espontánea en ese preciso momento. Hay muchas bebida para tomar, pero eliges la coca-cola. ¿Porqué? Simplemente te apetece.
Para mí la ira es un efecto de un sentimiento muy profundo que no queremos ver. Que no queremos sentir.
Para tratar de explicarlo diré que es similar a una escalera de tres peldaños. El peldaño más alto es cuando estas desconectado de ti mismo y conforme la bajas te conectas con tu esencia.
Así tenemos que casi todos estamos en el peldaño más alto. Allí no somos conscientes de nuestro ser y no podemos ver nuestras emociones más profundas. Sólo reaccionamos ante un hecho que no nos gusta.
Si tu pareja no te recoge la ropa del baño después de ducharse y se lo has dicho que lo haga. Tú te cabreas, te enfureces. Chillas, gritas y se lo explicas la mil y una vez más. Y está bien, es lo único que puedes hacer en ese peldaño. Reaccionas.
Si bajamos un peldaño, nos encontramos la impotencia. Como no somos capaces de verla, nos enfurecemos. Pero si la vemos ya comenzamos a tener un margen de maniobra. Podemos decirle a la pareja lo del baño desde la impotencia. Desde aquí tal vez nos escuche mejor y podremos evitar una escalada de furia por ambas partes.
Si bajamos otro peldaño  nos encontramos con la tristeza. Aquí estamos muy cerca de nuestro ser. Pero nos falta. Aún así, aquí el margen de libertad emocional ha crecido bastante. Hablar a otra persona desde la tristeza, lo que nos causa tristeza de verdad, su predisposición a dialogar, a evitarnos sentimientos tristes puede ayudarnos mucho a ambos.
Sentir tristeza es genuino y nos contacta directamente con el suelo en el cual se apoya la escalera. El vacío, nuestro ser más profundo, nuestra alma.
Así que, subiendo la escalera tenemos: como no podemos ver el vacío nos encontramos con la tristeza. Cuando no podemos ver la tristeza viene la impotencia. Cuando esta no podemos verla surge la ira.
La ira es una emoción producida por no aceptar la situación, por la mediación de nuestra mente y por la ignorancia de no conocernos a nosotros mismos ni nuestras emociones.
Desde mi punto de vista, cuando sentimos la ira tenemos que dejar que fluya, que salga. Hemos de ser cuidadosos con la gente para no lastimarla, sobre todo físicamente. Pero si dejas que fluya y meternos más profundamente con consciencia para poder descubrir de donde sale, que efectos tiene nosotros, que evita que veamos de nosotros y sobre todo, para que la ejercemos sobre los demás.
Saber manejarse en la ira puede ayudarnos a nosotros y a los demás.
Aprender a poner límites a uno mismo y a los demás, ser conscientes de nuestra impotencia, de nuestras limitaciones. Tomar consciencia de nuestra tristeza y expresarla puede ayudarnos a ir disminuyendo nuestra necesidad de generar ira y por ende, volvernos cada vez más tranquilo y encontrar la paz interior.
De nosotros depende la situación.

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