El silencio es un lugar interior que nos permite
encontrarnos con nosotros mismos. Estar en equilibrio.
Cada vez me cuesta más encontrar a personas que contacten
regularmente con este estado. Por el contrario, huyen de él y desconocen el
poder de sanación que tiene, aunque todos en algún momento de nuestra vida
hemos necesitado estar en sus brazos.
En el silencio sanamos nuestro dolor, nuestro sufrimiento,
nuestra alma. Es un aliado para el amor hacia nosotros y hacia los demás.
Estar en silencio interior es moderar nuestros pensamientos.
Es darnos más importancia a nosotros que al mundo que nos rodea.
Estar en silencio es ver la realidad del presente, sin
velos, sin fatasias, con la necesidad de mirar a la verdad directamente y sin escondernos.
Estar en silencio no es estar en soledad. Se puede estar en
él y con las personas que nos rodean que nos aportan la compañía que tanto
necesitamos.
Estar en silencio no significa que no nos comuniquemos. Podemos decir mucho en
ese estado tan nutritivo para nuestro ser.
Estar en silencio es volver a reencontrarnos con nuestro yo
interior. Es volver a ser nosotros mismos.
Estar en silencio es mantener alerta nuestros sentidos de
que disponemos. Es amentar nuestra consciencia y hacer que nuestra energía se
mantenga unida, concentrada y en nosotros. Hace que no se desparrame por el
universo y nos desenergetice.
Estar en silencio es no huir de nosotros y vernos tal cual
somos.
Estar en silencio es comunicarnos con el universo.

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