viernes, 7 de septiembre de 2012

AVARICIA


Es una inclinación o deseo desordenado de placeres o posesiones. La codicia, por su parte, es el afán excesivo de riquezas, sin necesidad de querer atesorarlas.
En la misma definición aparece el deseo, el afán. Buda decía que la causa de todo sufrimiento es el deseo. Eliminando la causa se elimina el efecto y para eliminar todo deseo había que parar la mente.
En la vida hay muchas cosas que creemos que nos llenan. Las hacemos, las compramos, las cuidamos y si no se comparten, si no se muestran ¿que sentido tiene?
Luis Miguel Dominguín, cuando se acostó con Ava Grardner, esta le dijo que no lo contase a nadie. Él le contesto que entonces que sentido había en tener sexo con ella. Él veía la gracia en haberlo hecho y después contárselo a sus amigos.
Estar de acuerdo o no con este hombre es otra cuestión, pero es cierto que si no compartimos nos sentimos solos, vacíos.
Todo esto es generado por la mente. Sentir el vacío de nuestro ser y no querer ser consciente de todo esto, hace que lo tratemos de llenar bien sea con bienes materiales, dinero, sexo, alcohol, drogas, etc.
En nuestro interior hay una lucha constante. Esta guerra se manifiesta de muchas formas. Una de ellas es la avaricia. Querer poseer bienes, dinero, personas, etc, es estar fuera de la realidad. Nada podemos poseer, nada nos pertenece. Nacimos desnudos y así moriremos. Esto es pura lógica. Incluso la mente debería saberlo. ¿Entonces qué nos pasa entre estas dos verdades? Ego. Todo es ego.
Creer que lo poseemos nos hace sentirnos importantes, seguros, confiados. Creer que así se ha de vivir. Considerar a las personas importantes por sus logros económicos es un error muy común. No nos damos cuenta que si los despojamos de todos estos títulos que les atribuimos no dejan de ser personas vacías, tristes, sin sentido en la vida.
La avaricia y la codicia nos muestran cuan vacíos estamos por dentro de seguridad, entrega, cariño, afecto, contacto con nosotros mismos. Por eso basan todo esto en poseer cosas o personas.
Con esta actitud se entra en una espiral enfermiza ya que se genera un efecto totalmente contrario en los demás que realimenta la espiral.
El placer es sano cuando es genuino. Cuando de verdad hacemos eso que nos produce el placer, cuando lo hacemos sin sentido, sin consciencia, se convierte en un placer disfuncional que nos provoca más daño que el no hacer nada.
Desde mi punto de vista, ver nuestra realidad, nuestra verdad y ser consciente de nuestras capacidades y recursos, puede ayudarnos a darnos cuenta del juego peligros en el que nos hemos metido.
Hemos de meternos más en la avaricia con consciencia y descubrir que quiere mostrarnos. Huir de ella no nos ayudará mucho.
Cuando oigo avaricia o codicia se me viene a la mente el cuento de Charles Dickens, Cuentos de Navidad. Donde la visita de tres fantasmas hace que cambie la forma de ver la vida de un pobre y avaro anciano.
Enfrentarnos a nuestros fantasmas particulares nos ayudará a ver nuestras realidades, a comprendernos y a descubrir nuestras necesidades.
Estar en el vacío, en el presente difumina nuestros miedos. Ser conscientes de nosotros y lo que nos rodea, hace que seamos capaces de apreciar lo autentico y dejar a un lado lo superfluo.
La avaricia sólo nos muestra aquello que no queremos ver. En cuanto nos miremos dentro, la codicia desaparecerá por falta de sentido. Si existe es porque le damos una razón de ser, una utilidad. ¿Cuál es esa utilidad? No se sabe. Cada uno ha de meterse en sí mismo, en su avaricia para descubrirlo y ver qué es lo que nos está tratando de mostrar y que es mlo que nos impide que veamos.

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