viernes, 7 de septiembre de 2012

ENVIDIA

Es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea bienes, cualidades u otra clase de cosas. La RAE la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.
Leyendo estas definiciones, me llaman la atención las palabras dolor, desdicha, posesión, deseo, pesar y tristeza.
Antes de hablar de la envidia, me gustaría comentar que para mí, el dolor, la desdicha, la posesión, el deseo y el pesar, forman parte de la mente. Si somos capaces durante cinco minutos de no tener pensamientos. Nos daríamos cuenta que estos sentimientos se diluyen ya que son generados por estos.
Creo que los pensamientos nos hacen un flaco favor a nosotros mismos y nos sumergen en estas emociones que nos causan dolor y deseo.
La mente, los pensamientos generan sentimientos. Si somos capaces de moderar nuestra mente veremos que somos capaces de moderar todo esto que sentimos y tanto daño nos hace.
Para la mente tiene sus consecuencias. Es cierto que nos quita esas emociones de dolor, posesión y deseo- pero entonces nos quedamos en el presente. Desaparece todo el juego que nos hace para embriagarnos con el futuro. Además, desaparece la ilusión y la esperanza. Esto es dejarnos en el vacío existencial. Nos deja con nosotros mismos. Y no hay mayor miedo que a estar con nosotros mismos.
Entrar aquí es muy beneficioso y a la vez es tremendamente peligroso para nuestro ego. Por eso hay que entrar adecuadamente y con la ayuda de alguien en quien confiar.
Este vacío puede asustarnos tanto que lo tratemos de llenar de alguna forma. Ya sea con bienes, dinero, sexo, diversión, etc. Si esto no lo tenemos, tal vez lo deseemos de los demás. Así aparece la posesión, el ego. Si no podemos conseguirlo, pues surge el dolor y la desdicha.
Querer poseer o tener lo que el otro tiene no es más que tratar de querer poseer la alegría, la ilusión que vemos en el otro. Es una fantasía que nos juega nuestra propia mente para creerse importante. Es cierto que ella así se siente viva pero el efecto es el contrario. Nosotros nos vamos debilitando, secándonos y muriendo por dentro.
Queremos alcanzar la alegría que vemos en los demás con sus nuevas adquisiciones. Lo que no queremos ver es que si tuviésemos ese coche nuevo, por ejemplo, no seríamos tan felices como creíamos antes de tenerlo, ni conseguiríamos llenar ese vacío del que tanto huimos.
Esta alegría nos duraría poco ya que el coche es el deseo del otro, no lo que deseamos nosotros. A esto hay que añadirle que no sabemos lo que queremos de verdad. Cuáles son nuestras prioridades y nuestras necesidades reales y creemos que lo que desean los demás es lo que nos haría feliz a nosotros. Grave error. En vez de ser más felices nos metemos más de lleno en el pozo de la infelicidad.
Desde mi perspectiva. La envidia nos muestra nuestras carencias internas, existenciales. Cuanto más cosas deseamos más necesitamos meternos en nosotros mismos, en nuestro vacío. Creemos que proyectando nuestra felicidad en los deseos de los demás vamos a conseguir nuestra propia felicidad. Pues no es así.
De todas las palabras que me han llamado la atención, hay una de la que no he hablado. Es la tristeza. Esta palabra, esta emoción, si la despojamos del pensamiento puede ayudarnos mucho para contactar con nuestro ser. Para que seamos nosotros mismos y meternos en nuestro vacío interior.
La envidia es la cruz de una moneda. Si somos capaces de ver la cara, que es lo que realmente nos muestra, funciona como un espejo. Podremos encontrar la felicidad que tanto deseamos. Andamos equivocados buscando fuera lo que está dentro. La envidia nos muestra el exterior, la cruz. Busquemos la cara, el interior nuestro.
No es casual que estemos en ella. Es un síntoma de una enfermedad profunda que hemos de resolver nosotros mismos.
Para mí, si se siente la envidia hay que profundizar más en ella con consciencia. Descubrir de donde viene, a donde va y que la genera. Todo esto se ha de hacer dándonos cuenta de donde estamos y de nuestra realidad.
Ser conscientes de nuestro ser, de nuestros sentimientos y de nuestro presente hace que descubramos nuestras necesidades y las vayamos cubriendo. Al hacer esto nos sentimos satisfechos, llenos y con esto alcanzaremos la felicidad.
No es pecado sentir la envida. Pecar, errar el tiro, es no ver lo que nos está mostrando o proyectando de nosotros mismos.

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