viernes, 7 de septiembre de 2012

PEREZA



En latín: acedia, accidia, pigritia. Es la negligencia, astenia, tedio o descuido a realizar acciones, movimientos o trabajos. Se conoce también como gandulería, flojera, haraganería, holgazanería; entre otros términos que pueden incluso llegar a ser peyorativos.
La religión cristiana, clasifica la pereza como pecado capital ya que generan otros pecados, si bien antiguamente se le denominaba acedia o acidia, concepto más amplio que tenía que ver con la tristeza o la depresión.
La pereza puede venir por varios motivos, pero el más significativo es por falta de estímulo. La desgana se apodera de la persona y no es una actitud fácil de cambiar.
No es tan raro que antiguamente se asociase a la tristeza o a la depresión. Entrar en la pereza es una demostración de lo que le sucede a la persona al gastar la energía vital en otras cosas que no nos satisfacen ni nos llenan.
Cuando en la vida nos encontramos perdidos, desilusionados, desesperados y miramos nuestro futuro y lo vemos igual que nuestro estado de ánimo, la desergenetización se apodera de nuestro interior.
Es curioso que en este estado no nos aporte nada nuestra vida para que nos volvamos a ilusionar. Entonces nos descuidamos de nosotros y de nuestro mundo en el cual vivimos. Esta forma de pensar afecta directamente sobre nuestro estado anímico, es lo que nos eliminan las ganas de estar atentos a las cosas que tenemos la responsabilidad de hacer por nosotros y por los demás.
Los pensamientos sobre el pasado que no volverá o el futuro que idealizamos que sucederá hace que gastemos nuestra energía tontamente. Que nos cansemos y conforme vamos viviendo nos damos cuenta que aquello que habíamos imaginado que nos pasaría no nos sucede. Esto nos sume más en una actitud depresiva y retroalimentamos la pereza.
Salir de la pereza, en primer término, pasa por cambiar nuestra forma de pensar. Esto que los sicólogos han llamado sicología positiva y los místicos, durante milenios, han llamado vivir el presente. Estar revolución de ideas que se produce dentro de nuestra mente al cambiar de perspectiva, es el comienzo de una nueva energía que se puede comenzar a movilizar dentro de nosotros. Pero no es mucho menos la solución. Por este motivo, las personas suelen dejar la pereza y comienzan a moverse. Aún así el desánimo les acompaña en su vida cotidiana.
Normalmente esta actitud está ocultando problemas más profundos, de un calado existencial que no somos capaces de ver y comprender.
La pereza nos está mostrando nuestras ganas de no vivir la vida en la cual nos hemos instalado. La falta de retos por no hacernos responsables de nuestra vida y nuestras acciones hacen que caigamos en la comodidad, en la apatía y en el desánimo.
Para dejar de ser perezosos hemos de asumir responsabilidades. Hemos de asumir el timón de nuestra vida y dejar de culpar a los demás de nuestra situación.
Desde mi punto de vista, creo que es muy interesante meterse de lleno en la pereza con consciencia, estando alerta. Es como una moneda, ¿si sentimos la pereza que es lo que nos trata de ocultar?
Creo que nos oculta nuestras ganas de seguir viviendo la vida en el presente, dejando a un lado el pasado o el futuro. No nos sentimos realizados en nuestra forma de vivir en la mente. Somos conocedores de que necesitamos el cambio, pero somos conocedores de esto mismo.
Para poder dar este vuelco a la situación, es vital que descubramos que queremos y que necesitamos. Para ello hemos de contactar con nuestro vacío interior. Sumergirnos en él y que surjan nuestras necesidades reales. Tomemos consciencia de ellas y ya veremos que sucede después.
Estar atentos a lo que nos pasa y ser conscientes es la única forma de dar una solución al problema. Meditar, moderar los deseos de la mente. Ser conscientes de nuestra energía. Ser conscientes de nuestra realidad y de nuestro presente. No vivir en la fantasía. No escondernos tras los medicamentos. Tomar la responsabilidad de nuestra vida y de nuestras acciones son las grandes rebeliones que hemos de hacer para salir de este estado apático y desenergetizante que es la pereza.
Ver el mundo tal cual es, sin condicionamientos ni prejuicios puede ayudarnos mucho y puede ayudar mucho a que encontremos nuestra felicidad y ayudemos a otros a encontrar la suya.

Estar perezoso no es malo. Lo malo es no ser consciente de este estado y que es lo que nos quiere mostrar y como es que nosotros no queremos verlo.

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