jueves, 19 de julio de 2012

FUEGO INTERIOR DOS


La mente la generamos nosotros mismos para no perder el amor de las personas que en su momento eran imprescindibles para nosotros: padres, hermanos, abuelos, tíos, amigos, etc.
Estas normas de conducta que creamos fueron influenciadas por ellos para que fuésemos buenos, nos portásemos bien y fuésemos como ellos querían. Todo esto generó que no debíamos olvidarnos de los condicionamientos y a su vez creamos la mente que recordaba todo esto. Creamos la mente.
Conforme íbamos creciendo y una vez generada esta mente que nos ayudaba a sentirnos queridos por nuestros seres amados, surgió la necesidad de seguridad. Vivir en un mundo donde no sabemos si mañana nos querrán después de todo el esfuerzo hecho durante años, era impensable para nosotros.
Entonces proyectamos la mente hacía el futuro. Tratando de preveher que sucederá y tendremos que hacer para que mañana nos quieran también. Así surge el control, las expectativas y con ellas la decepción y la ansiedad.
Así que tenemos una mente que bien está en el pasado o en el futuro cuyo fin último es que nos quieran y  no dejar de sentir el cariño de los seres que consideramos importantes en nuestra vida.
Nunca nos cuestionamos si todo esto nos beneficia o nos perjudica en el momento presente, ya que como al elefante, hace mucho que nos resignamos a estar anclados a ella.
Esto nos va apagando, desenergetizando, matando en vida. Así solemos pasar nuestra existencia por este mundo. Como mucho intentamos ser felices hasta que descubrimos que la felicidad solo es momentánea, no es permanente ya que siempre es bipolar y antes o después la infelicidad volverá.
Es curioso ver como todo lo que hicimos y por consiguiente, lo que hacemos, aunque es derivado de lo pasado, fue hecho para que los seres que necesitábamos para subsistir en este mundo no nos dijesen: “pues ya no te quiero”

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