martes, 10 de julio de 2012

EL CUENCO TIBETANO

Una amiga me ha regalado un cuenco tibetano. Es muy bonito y genera vibraciones que me recorren todos los órganos del cuerpo.
Ella me hablo que equilibraba las energías con ese sonido. Para experimentar si era cierto la deje que lo usase conmigo.
Me acosté y trate de relajarme, aún así era escéptico a lo que me contó. Por esa razón estaba pendiente del cuenco, de su sonido y de mí.
Ella lo golpeaba y hacia girar el palo por el borde emitiendo sonidos y vibraciones. Lo pasaba a lo largo de mi cuerpo. Era cierto, la energía de mi cuerpo la sentía equilibrarse, allanarse. Como si los picos de mi energía se desmontasen y los valles se cubriesen quedando todo a un mismo nivel energético.
A veces el sonido duraba más, otras menos. Me contaba que mi energía influía en el sonido y duración del mismo. así que decidí experimentar con esto.
Cuando iba a golpearlo me ponía a pensar en cosas. Trataba de controlar mentalmente lo que podría suceder unos instantes después. Pensaba en mis padres. Pensaba en mi trabajo, en el dinero. En otras ocasiones intentaba no pensar en nada. Trataba de dejar mi mente vacía. Me hacia consciente de mi cuerpo, del sonido del cuenco y me dejaba fluir con y en e él.
Experimente algo muy curioso. Me di cuenta que cuando pensaba el sonido del cuenco duraba mucho menos que cuando tenía mi mente vacía. Era como si mis pensamientos usaran mi energía para poder realizarse y le llegaba muchas menos al cuenco. Me sentí desconectado, cerrado. No me sentía unido al todo.
Por el contrario, cuando me vaciaba, el sonido era más largo y las vibraciones me entraban hasta lo más ondo de mi ser. Era como si dejase una ventana abierta y la luz me iluminase por completo.
Entonces, estando relajado, recordé lo que los místicos decían de la mente. Lao Tse: “modera tu mente”. Los maestros zen: “cuida tu mente”. Buda: “deja de desear”. Jesús: “vuélvete un niño”. Mahoma: “escucha tu corazón. Krisna: “fluye con el cuerpo”.
Todos hablaban de lo mismo, de la mente. Si no somos capaces de moderarla, de vaciarla, ella nos arrollará y gastará la energía vital que tenemos para la existencia.
Los profesionales de la sicología, así como los neurólogos y siquiatras se están quedando obsoletos. Así como le paso a Freud con su sicoanálisis. Hasta que no se den cuenta que hay que trabajar un todo: cuerpo, mente y corazón, no podrán empezar a sanar a las personas.
A esto hay que añadir que para poder ayudar a una persona antes han de haber sanado ellos sus propias heridas emocionales. Si no es así, será como un ciego que guía a otro ciego, ambos caerán por el precipicio.
Hemos de moderar nuestra mente, moderar nuestro nivel de deseo y que aumente nuestra consciencia sobre nosotros mismos y sombre el mundo que nos rodea.
Este aumento  sólo se producirá si nos paramos en nosotros mismos, en que nos está sucediendo minuto a minuto y para eso hemos de estar atentos a nuestro presente. Hemos de vivir en nuestro aquí y ahora. Sólo lo tenemos a él y que todo son sucede en él. Fuera de eso es fantasía lo que hay.
Solo una combinación con el darnos cuenta y la meditación nos salvara y nos volverá a poner en la vida.

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