Cuando una persona no se siente a
gusto con su vida, con sus sentimientos y consigo misma. Hay tres pasos que se
suelen dar que uno lleva al otro, pero que te puedes quedar en cualquiera de
los dos primeros ya que hacer el tercero se ha de ser muy valiente y
enfrentarse a los propios miedos y a uno mismo.
Estos tres pasos son: reforma,
revolución y rebelión.
La reforma es cuando no estando a
gusto con nuestra vida cambiamos cosas superficiales. El vestir, los amigos, de
casa, estudiamos nuevas cosas para que cambie nuestra existencia, etc. Son
cambios en el exterior de nosotros que nada afectan al centro y que los demás
pueden ver, que en el fondo eso es lo que pretendemos, que los demás los vean.
Esta reforma es superficial, no
afecta a lo más profundo de nosotros mismos y seguimos siendo, en el fondo, los
mismos.
Luego está la revolución. Aquí
cambiamos ideas, teorías y conceptos de nosotros y como vemos el mundo. Es un
cambio algo más profundo que la reforma pero sigue sin tocar las estructuras
fundamentales del ser. No profundiza lo suficiente como para que algo nuevo
surja.
En la revolución hay modificaciones
pero a la vez no dejan de tener cierta superficialidad ya que no tocan al
centro del ser.
En estas dos etapas no hay cambios
sustanciales en la persona. Pueden producirse muy rápidas, son muy evidentes y
muchas gente se queda en la primera o en la segunda ya que no hay mucha
diferencia entre ambas.
Pero luego esta la tercera, la
rebelión. Aquí la persona toca todo su ser. Modifica todas las estructuras de
la persona. Cuestiona y experimenta todo lo creído hasta ese momento y
cuestiona aquello con lo que se identifica. En esta etapa se produce un cambio
interior que apenas se ve en el exterior pero si se manifiesta si una sabe que
mirar y cuáles son las señales que lo delatan.
Lo principal de todo es que nos
demos cuenta que no somos nuestra mente. Saber esto no significa que luchemos
contra ello, pero si ser conscientes que es una herramienta que nos esclaviza.
Cuando nos damos cuenta que no
somos nuestra mente. Un paso muy grande hemos dado en nuestra evolución
interior. Es darnos cuenta que no somos
lo que pensamos, que no somos lo que creíamos ser.
Desidentificarnos de nuestra mente
supone convertirnos en los dueños y dejar de ser los esclavos. Dejamos de ser
llevados y elegimos hacia donde queremos ir.
Desaparece mucha confusión y
entonces hay que aprender una nueva búsqueda. La búsqueda de lo que realmente
queremos. Hemos de olvidarnos de todas esas ideas de si queríamos esto o lo
otro para ser felices y buscar lo que nuestro corazón quiere realmente.
A partir de este punto aparece la
rebelión. Uno comienza a revelarse contra muchas ideas, teorías, conceptos,
incluso con personas. Comienzas a ver estas ideas por las que se rigen los
demás y que son las mismas que tú usabas pero que ya no te sirven
Y entonces aparece la radicalidad.
Los demás siguen en sus juegos pero a ti no te sirven. Ellos quieren que
vuelvas a ser uno de ellos y tú te
niegas una y otra vez. Entonces te llaman mil y una cosas con tal de que
vuelvas a ser igual a ellos. Te llaman sicoanalizador, loco, radical,
blandengue, sensiblero, debilucho, etc. Para que vuelvas al redil en el que se
encuentran.
Pero la rebelión ya está en marcha
y sabes que no hay vuelta atrás. La línea
roja de “imposible volver” ya la has cruzado y has de continuar.
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