Es derivada de la ansiedad y al igual que esta, procede de
querer vivir en el futuro. Querer conquistarlo ya que la inseguridad nos da un
miedo atroz.
Vivir en el futuro es estar en la fantasía. No existe, no ha
pasado todavía. Querer controlarlo es una utopía. Querer controlar lo que no ha
sucedido todavía es una tontería sin sentido. Pero la gente cree que sí puede, allá
ellos.
La distancia que existe entre la creencia y la realidad es
la que genera la angustia.
Sentir angustia, como he dicho, es natural. Tenemos derecho
a sentirla. Pero también tenemos que tener claro que somos los responsables de
esa emoción.
Hemos de ser conscientes que tanto la ansiedad como la
angustia la generamos nosotros. Aunque parezca raro y contradictorio, somos los
responsables de nuestras propias emociones. Tenemos que dejar de acusar a los
demás o a las circunstancias de provocarnos las emociones. Somos nosotros
mismos las que las generamos.
Si en algún momento podemos ser capaces de estar en el
estado de no mente comprenderemos a lo que me estoy refiriendo.
Vivir en el presente, dejar de preocuparnos por el futuro,
aceptar lo que la vida nos ofrece, estar abiertos y aceptar a los demás como
son y no como queremos que sean y aceptarnos con nuestros infiernos y nuestros
cielos, son los secretos para que la angustia no nos visite.
Si a esto le añadimos el exceso de energía que generamos en
las situaciones de stress y no somos capaces de eliminarla para restablecer el
equilibrio corporal energético, hace que la angustia aumente, crezca y se desborde
arrollándonos a su paso.
Aumentar la consciencia sobre nosotros mismos, sobre el
presente, saber que queremos en este momento y hacer para conseguirlo ayuda a
disminuirla.
Vivir en este estado nos provoca desequilibrios emocionales.
Hace que perdamos los papeles en un momento dado. Que explotemos haciendo daño
a nuestros seres queridos. Que no estemos llenos con nuestra vida. Nos provocamos
algunas enfermedades, entre otras cosas.
Deshacerse de la angustia pasa por cambiar nosotros. Moderar
la nuestra mente, meditar, cuidarse física y emocionalmente, dejar vicios
insanos: tabaco, drogas, comida, etc. Hacer lo que nos aporta alegría y
bienestar, dejar de hacer lo que nos hace daño, son algunas de las acciones que
nos alejan de este estado y nos aportan salud de forma general a nosotros y a
los que nos rodean.
Yo he decidido vivir el presente que es lo único de que
dispongo. El mañana posiblemente suceda o posiblemente no. Eso ya lo sabré. De lo
que estoy seguro es que el presente esta sucediéndome ya.
Decido vivir mi presente, ¿Qué decides tú?

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