Hoy he dejado a Rony, mi perro,
en una protectora de animales. Le habían encontrado un lugar de adopción. Desde
que me entere que ese lugar estaba sabía que me dolería su marcha.
Cuando lo adopte nunca imaginé
que la separación de ambos me dolería tanto. Es curioso cómo se puede amar a un
ser vivo de esa forma. Lo adopte por capricho. Me gustaba la imagen de un
hombre solitario con su amigo fiel. Era una fantasía muy romántica. De película.
Solo veía aquello que quería ver,
no estaba en la realidad. Esta es bien distinta de mi fantasía. Lo real es que
Rony tiene su propia personalidad, que su naturaleza es importante, que es
libre y sobre todo que el también me puede coger cariño a mí.
Estos últimos meses nuestra
relación ha sido de amor odio. Por un lado estaba sus instintos naturales que
le hacían buscar una perra para copular y eso le provocaba un desasosiego que
yo no podía controlar. Luego su no querer estar solo. Ese miedo a la soledad
hacía que ladrase y los vecinos no pudiesen dormir y se quejasen. Por otro lado
estaba mi sobrino, al cual ya le había mordido dos veces ya que él tiene a su
peor enemigo, Nelson. Un perro mediano con mucho carácter y ya llevaban varias
peleas a cuestas.
Recuerdo que cuando era pequeño
los perros estaban en las casas suelto y en muchas ocasiones he corrido delante
de ellos lo que hizo que les perdiese el miedo. Ahora la sociedad no está
preparada para estos animales. Queremos que dejen de ser instintivos y se
vuelvan humanos. Queremos educarlos como a las personas y entonces pierden su
naturaleza animal. Reconozco que no tengo la personalidad necesaria para cuidar
de un perro. No se marcarle los límites.
Así que he optado por que lo
adopten otras personas que sean más fuertes y puedan cuidarlo mejor. Mi vida ha
cambiado tanto, bueno, yo he cambiado tanto que no puedo hacerme responsable de
nada ni de nadie. Puedo cuidar, puedo atender, pero no ser responsable. Cada uno
es responsable de sí mismo. Cada uno ha de cuidarse a sí mismo.
La vida siempre da más opciones
para cada problema. Es muy raro que nos dé una o dos solamente. Siempre ofrece
más sólo que no tenemos la paciencia ni la comprensión para verlas. Nos quedamos
aferrados a una o dos y no vemos más. A esto los sicólogos lo llaman visión de túnel.
Cuando somos capaces de pararnos y observar sin juzgar, la visión se amplia y
vemos soluciones que antes pasaban desapercibidas.
Esta opción que he cogido con
Rony era incapaz de verla. Ni me la había planteado hasta que un buen amigo me
la comento. Me pareció una idea genial y al final, gracias a otra amiga ha sido
la que se ha realizado.
Sabía que dejar a Rony no solo
sería dejar un perro a que otros lo adoptasen. Sabía que me dolería en lo más
profundo de mí, que me desgarraría ya que mi ego se vería doblegado ante la
realidad. Y cuando un hecho obliga a mi ego a aceptar lo que no quiere aceptar
me duele en mi interior.
En mi vida, normalmente, he ido
añadiendo cosas: personas, animales y muy pocas veces he dicho adiós a una
persona o cosa. Esta separación es distinta por varios motivos. Uno es porque
por capricho decidí quedarme con Rony ya que lo iban a dar a la perrera los
anteriores dueños. Así que lo acepte a mi lado.
Las personas siempre me han venido
a mi vida y no era consciente de que entraban y cuando se marchaban me
desconectaba para no sufrir, para que no me doliese. Mis padres han tenido
restaurante en la playa y como es lógico, la gente iba de forma estacional. Recuerdo
que cuando se acababan sus vacaciones yo solía cogerles cariño. Su marcha me sumía
en la melancolía y para no sufrir me desconectaba, me disociaba. Esto en un
principio me aliviaba, me ayudaba a no padecer, me protegía. Y como todo en
esta vida es polar, si me ayudaba por un
lado, me hacía daño por otro. Este daño venía por la razón de que cuando
desconectaba me cerraba. Cerraba mi corazón y luego cuando tenía que abrirlo no
podía. Me quedaba atascado y no podía acercarme a las personas.
Cuando cerramos nuestro corazón para no sufrir hemos de ser muy conscientes de
lo que estamos haciendo ya que las consecuencias a largo plazo pueden ser muy
perjudiciales para nosotros. Es cierto que esta actitud nos protege en un
principio y a la vez, este cerramiento, impide que nada entre o salga. Y entonces
lo que habíamos hecho en protección se vuelve en nuestra contra. Entonces lo
que nos protegía para no sufrir hace que suframos por no poder abrirnos.
Se ha de comprender esto muy
bien. Las protecciones del corazón son necesarias para poder sobrevivir a lo
que nos sucede en la vida. Ahora, una vez protegido y pasado el bache hemos de
ser conscientes y tomar contacto con ese dolor que nos producía el suceso para
volver a la vida. Si no contactamos con el dolor no podremos abrirnos.
A nadie le gusta el dolor, a mí
tampoco. Es cierto que hay dos tipos de dolor. Uno es el generado por el
pensamiento, por la mente. Este dolor es destructivo, dañino, destroza nuestro
ser. La mente estando en el pasado o en el futuro, recuerdo que en el presente
no hay mente, es capaz de generar todo tipo de emociones. Unas podemos
llamarlas buenas, a otras las llamamos malas.
Lo cierto es que los pensamientos
generan emociones que no nos conectan con la realidad y que no nos permiten
crecer ni sicológicamente ni emocionalmente. Para mí, este es el dolor inútil,
sin sentido, que no sirve para nada. Por desgracia la gran mayoría de la gente
está enganchada en este círculo. Están en este juego. Sé que hay personas que
no creen en esto y los comprendo, pero si en algún momento de sus vidas dejan
de pensar por un segundo se darán cuenta que durante ese tiempo no han sentido ninguna
emoción.
Muchos hemos experimentado esto a
lo largo de nuestra vida, y da miedo, creemos que así estamos muertos. Pero esto
lo veo desde otro punto de vista. Cuando dejas de pensar, el pensamiento se
vuelve una herramienta que puedes usar cuando la necesites, y entonces comienzas
a ver que no eres tu mente. Que eres otra cosa totalmente distinta. Dejas de
identificarte con ella.
Después esta el dolor genuino. El
que se siente después de un suceso triste. Este sentimiento si se permite que
fluya nos mete en nuestro infierno, en la realidad de la vida, en nuestro corazón.
Es desgarrador, descontrolado,
duro, cruel y a la vez sanador. Es cierto que nos ha roto el corazón pero como
la vida es bipolar, es como un péndulo, cuando está en el dolor es que está
cogiendo fuerza para llevarnos a la alegría. Para llevarnos nuevamente a
nosotros mismos.
Lao Tse en el Tao Te King
establece que lo alto se apoya en lo bajo, lo dulce en lo salado y el dolor en
la alegría. Si estamos en un extremo, por naturaleza el tiempo nos llevara al
otro extremo. Si dejamos que transcurra el fenómeno y no lo cortamos, por
naturaleza así sucederá.
Desde pequeño siempre he oído decir
a mi madre que no hay duelo sin risas ni boda sin llanto. Estas frases tan
sabias, se apoyan en la bipolaridad que es la vida.
Las personas no solemos
experimentar este fenómeno debido a esa mente que nos mantiene estáticamente en
un extremo. Nos tiene enganchados como una alcayata a un cáncamo y no permite
que el proceso fluya de forma natural. Fuerza a que nos quedemos en una
posición fija, parada, inmovilizada.
La naturaleza existe desde hace
muchos años y ha creado sus técnicas para sobreponerse a las situaciones
traumáticas de sus hijos. Si crea el dolor también da la forma de superarlo. Si
produce el suceso, da la forma de saltarlo. Ahora, hemos de dejar que siga su
curso, hemos de permitir que fluya.
Todo esto no es un invento mío. Tiene
miles de años. Entre el cielo y la tierra está todo inventado dice mi madre que
decía mi abuela. Y es cierto. Desde hace milenios los místicos llevan diciendo
lo mismo una y otra vez, pero no queremos escucharles. ¿Para qué? Creemos que
eso significa dolor y lo que no somos conscientes es que por evitar el dolor
sufrimos más y durante más tiempo.
Después de dejar a Rony en la
protectora y una vez en casa. He llorado dejando que mi cuerpo fluyese y luego
he bailado esa pena, restableciendo el equilibrio energético que mi cuerpo, mi
mente y mi alma necesita. Evitar las cosas no es lo mejor opción que tenemos
para vivir felices, hay más opciones y más sanas.

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