martes, 29 de mayo de 2012


RONY
Hoy he dejado a Rony, mi perro, en una protectora de animales. Le habían encontrado un lugar de adopción. Desde que me entere que ese lugar estaba sabía que me dolería su marcha.
Cuando lo adopte nunca imaginé que la separación de ambos me dolería tanto. Es curioso cómo se puede amar a un ser vivo de esa forma. Lo adopte por capricho. Me gustaba la imagen de un hombre solitario con su amigo fiel. Era una fantasía muy romántica. De película.
Solo veía aquello que quería ver, no estaba en la realidad. Esta es bien distinta de mi fantasía. Lo real es que Rony tiene su propia personalidad, que su naturaleza es importante, que es libre y sobre todo que el también me puede coger cariño a mí.
Estos últimos meses nuestra relación ha sido de amor odio. Por un lado estaba sus instintos naturales que le hacían buscar una perra para copular y eso le provocaba un desasosiego que yo no podía controlar. Luego su no querer estar solo. Ese miedo a la soledad hacía que ladrase y los vecinos no pudiesen dormir y se quejasen. Por otro lado estaba mi sobrino, al cual ya le había mordido dos veces ya que él tiene a su peor enemigo, Nelson. Un perro mediano con mucho carácter y ya llevaban varias peleas a cuestas.
Recuerdo que cuando era pequeño los perros estaban en las casas suelto y en muchas ocasiones he corrido delante de ellos lo que hizo que les perdiese el miedo. Ahora la sociedad no está preparada para estos animales. Queremos que dejen de ser instintivos y se vuelvan humanos. Queremos educarlos como a las personas y entonces pierden su naturaleza animal. Reconozco que no tengo la personalidad necesaria para cuidar de un perro. No se marcarle los límites.
Así que he optado por que lo adopten otras personas que sean más fuertes y puedan cuidarlo mejor. Mi vida ha cambiado tanto, bueno, yo he cambiado tanto que no puedo hacerme responsable de nada ni de nadie. Puedo cuidar, puedo atender, pero no ser responsable. Cada uno es responsable de sí mismo. Cada uno ha de cuidarse a sí mismo.
La vida siempre da más opciones para cada problema. Es muy raro que nos dé una o dos solamente. Siempre ofrece más sólo que no tenemos la paciencia ni la comprensión para verlas. Nos quedamos aferrados a una o dos y no vemos más. A esto los sicólogos lo llaman visión de túnel. Cuando somos capaces de pararnos y observar sin juzgar, la visión se amplia y vemos soluciones que antes pasaban desapercibidas.
Esta opción que he cogido con Rony era incapaz de verla. Ni me la había planteado hasta que un buen amigo me la comento. Me pareció una idea genial y al final, gracias a otra amiga ha sido la que se ha realizado.
Sabía que dejar a Rony no solo sería dejar un perro a que otros lo adoptasen. Sabía que me dolería en lo más profundo de mí, que me desgarraría ya que mi ego se vería doblegado ante la realidad. Y cuando un hecho obliga a mi ego a aceptar lo que no quiere aceptar me duele en mi interior.
En mi vida, normalmente, he ido añadiendo cosas: personas, animales y muy pocas veces he dicho adiós a una persona o cosa. Esta separación es distinta por varios motivos. Uno es porque por capricho decidí quedarme con Rony ya que lo iban a dar a la perrera los anteriores dueños. Así que lo acepte a mi lado.
Las personas siempre me han venido a mi vida y no era consciente de que entraban y cuando se marchaban me desconectaba para no sufrir, para que no me doliese. Mis padres han tenido restaurante en la playa y como es lógico, la gente iba de forma estacional. Recuerdo que cuando se acababan sus vacaciones yo solía cogerles cariño. Su marcha me sumía en la melancolía y para no sufrir me desconectaba, me disociaba. Esto en un principio me aliviaba, me ayudaba a no padecer, me protegía. Y como todo en esta vida es polar, si me ayudaba  por un lado, me hacía daño por otro. Este daño venía por la razón de que cuando desconectaba me cerraba. Cerraba mi corazón y luego cuando tenía que abrirlo no podía. Me quedaba atascado y no podía acercarme a las personas.
Cuando cerramos nuestro corazón  para no sufrir hemos de ser muy conscientes de lo que estamos haciendo ya que las consecuencias a largo plazo pueden ser muy perjudiciales para nosotros. Es cierto que esta actitud nos protege en un principio y a la vez, este cerramiento, impide que nada entre o salga. Y entonces lo que habíamos hecho en protección se vuelve en nuestra contra. Entonces lo que nos protegía para no sufrir hace que suframos por no poder abrirnos.
Se ha de comprender esto muy bien. Las protecciones del corazón son necesarias para poder sobrevivir a lo que nos sucede en la vida. Ahora, una vez protegido y pasado el bache hemos de ser conscientes y tomar contacto con ese dolor que nos producía el suceso para volver a la vida. Si no contactamos con el dolor no podremos abrirnos.
A nadie le gusta el dolor, a mí tampoco. Es cierto que hay dos tipos de dolor. Uno es el generado por el pensamiento, por la mente. Este dolor es destructivo, dañino, destroza nuestro ser. La mente estando en el pasado o en el futuro, recuerdo que en el presente no hay mente, es capaz de generar todo tipo de emociones. Unas podemos llamarlas buenas, a otras las llamamos malas.
Lo cierto es que los pensamientos generan emociones que no nos conectan con la realidad y que no nos permiten crecer ni sicológicamente ni emocionalmente. Para mí, este es el dolor inútil, sin sentido, que no sirve para nada. Por desgracia la gran mayoría de la gente está enganchada en este círculo. Están en este juego. Sé que hay personas que no creen en esto y los comprendo, pero si en algún momento de sus vidas dejan de pensar por un segundo se darán cuenta que durante ese tiempo no han sentido ninguna emoción.
Muchos hemos experimentado esto a lo largo de nuestra vida, y da miedo, creemos que así estamos muertos. Pero esto lo veo desde otro punto de vista. Cuando dejas de pensar, el pensamiento se vuelve una herramienta que puedes usar cuando la necesites, y entonces comienzas a ver que no eres tu mente. Que eres otra cosa totalmente distinta. Dejas de identificarte con ella.
Después esta el dolor genuino. El que se siente después de un suceso triste. Este sentimiento si se permite que fluya nos mete en nuestro infierno, en la realidad de la vida, en nuestro corazón.
Es desgarrador, descontrolado, duro, cruel y a la vez sanador. Es cierto que nos ha roto el corazón pero como la vida es bipolar, es como un péndulo, cuando está en el dolor es que está cogiendo fuerza para llevarnos a la alegría. Para llevarnos nuevamente a nosotros mismos.
Lao Tse en el Tao Te King establece que lo alto se apoya en lo bajo, lo dulce en lo salado y el dolor en la alegría. Si estamos en un extremo, por naturaleza el tiempo nos llevara al otro extremo. Si dejamos que transcurra el fenómeno y no lo cortamos, por naturaleza así sucederá.
Desde pequeño siempre he oído decir a mi madre que no hay duelo sin risas ni boda sin llanto. Estas frases tan sabias, se apoyan en la bipolaridad que es la vida.
Las personas no solemos experimentar este fenómeno debido a esa mente que nos mantiene estáticamente en un extremo. Nos tiene enganchados como una alcayata a un cáncamo y no permite que el proceso fluya de forma natural. Fuerza a que nos quedemos en una posición fija, parada, inmovilizada.
La naturaleza existe desde hace muchos años y ha creado sus técnicas para sobreponerse a las situaciones traumáticas de sus hijos. Si crea el dolor también da la forma de superarlo. Si produce el suceso, da la forma de saltarlo. Ahora, hemos de dejar que siga su curso, hemos de permitir que fluya.
Todo esto no es un invento mío. Tiene miles de años. Entre el cielo y la tierra está todo inventado dice mi madre que decía mi abuela. Y es cierto. Desde hace milenios los místicos llevan diciendo lo mismo una y otra vez, pero no queremos escucharles. ¿Para qué? Creemos que eso significa dolor y lo que no somos conscientes es que por evitar el dolor sufrimos más y durante más tiempo.
Después de dejar a Rony en la protectora y una vez en casa. He llorado dejando que mi cuerpo fluyese y luego he bailado esa pena, restableciendo el equilibrio energético que mi cuerpo, mi mente y mi alma necesita. Evitar las cosas no es lo mejor opción que tenemos para vivir felices, hay más opciones y más sanas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario