miércoles, 30 de mayo de 2012

REPOSTANDO

Hoy he parado en una gasolinera a repostar mi coche. Estando pagando en la caja ha entrado un chico al cual la cajera le ha preguntado cuanta gasolina iba a ponerle a su coche.
El chico le ha contestado: “uy, no he venido a repostar, sólo quería una barra de pan, pero  por la costumbre he dejado el coche en el surtidor”.
Esto me ha llamado la atención. ¿Cómo llendo a una cosa actuamos como si fuésemos a hacer otra? Desde mi punto de vista no es la costumbre, como él ha comentado, es el piloto automático que llevaba puesto lo que le ha hecho actuar así ya que iba pensando en otra cosa.
Esto es inconsciencia. Estar haciendo una acción y pensando en otra es lo que más confusión nos genera a nivel interno. La inconsciencia es una cosa muy común. Somos inconscientes de muchas cosas que suceden en el mundo, en tu propio país, en tu ciudad, en tu barrio, en tu casa, en tu familia, en tu pareja, en tus hijos, incluso y lo más interesante, no eres consciente de lo que te sucede a ti mismo y ni dentro de ti.
Tenemos la falsa idea de control, de estar atentos a lo que nos sucede. Es una idea como he dicho ya que la realidad es bien distinta. No nos damos cuenta de procesos tan complejos como la cura de una herida, el parpadeo de nuestros ojos, el movimiento de nuestras piernas al caminar, del constante latido de nuestro corazón, del flujo constante de entrada y salida de aire en nuestros corazones, etc.
Si además estamos pensando en que voy a hacer dentro de dos días, dos horas o diez minutos; o por el contrario, que me sucedió ayer con tal o cual persona, es imposible que sepamos realmente que nos está sucediendo en el presente, que nos sucede aquí y ahora.
Esta inconsciencia hace que nos sucedan accidentes, que cometamos errores, que no podamos descansar un día agotador, que por la noche no conciliemos el sueño, etc. Impide que escuchemos a quien nos habla, que nos escuchemos a nosotros mimos, que seamos incapaces de desarrollar todo nuestro potencial para solucionar un problema que se nos haya planteado, etc.
Esta desconexión de la realidad no es casual. Seguro que la primera vez que la pusimos en marcha nos protegió de un dolor interno, bien sea un rechazo de una chica, hacer algo que nos desagrada, que nos aburra lo que vivimos en ese momento… que se yo que otra causa puse en marcha este juego…
...lo cierto es que en un momento determinado nos ayudó y como lo hizo, nos aferramos a esta tabla de salvación. Lo que no sabemos es que en ese momento nos sirvió pero en momentos posteriores, con otras circunstancias, con otras personas, en otra localización ya no nos sirve.
Es muy parecido a querer hacer una mundana de una casa a otra de una pareja. Todo lo que han de llevarse cabe en una furgoneta, así que con eso tienen suficiente. Les sirve ese vehículo para hacer lo que tienen pensado. Y van y lo hacen. Pero el tiempo pasa, la familia crece: nace un niño y dos gemelos. Ya no son dos sino cinco. La casa se les ha quedado pequeña y han de cambiar a otra más grande. Han de llevarse muchas cosas, así que en el furgón que antes les valió ahora ya no les cabe todo. Han de utilizar un vehículo más grande.
Lo normal es que se alquile otro vehículo para que todo entre. Pero seguimos aferrados a la idea de que en el furgón cabe todo. Esto es ilógico, es no adaptativo. Pues en la mente pasa igual. Se queda fija de que lo que nos sirvió una vez nos va a servir toda la vida y no es así. La vida está en constante cambio. Todo cambia, nosotros cambiamos pero no queremos verlo ya que los cambios, las cosas nuevas y desconocidas dan mucho miedo.
Hablamos de que sí nos gusta la variedad, lo diferente, pero solo queda en el comentario. Luego vamos a la gasolinera a comprar pan y dejamos el coche frente al surtidor. Actuamos de forma automática.
La única solución es ser conscientes de lo que hacemos constantemente, en todo momento y la meditación puede ayudarnos mucho. Un estado meditativo puede volvernos a  poner en el presente, a volver a hacernos cada vez más conscientes de nuestro presente, de nuestro cuerpo y de nuestra alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario