lunes, 28 de mayo de 2012


Acabo de ver una película de ciencia ficción. Creo que se titula Trom. Trataba sobre el ser y su vanidad tratando de crear un mundo perfecto.
Realmente este planteamiento ha sido puesto sobre la mesa de la humanidad en múltiples ocasiones. El más famoso y todos conocemos fue el caso naci con Hitler a la cabeza.
Quería crear una raza superior, de elite. La estupidez humana es así. El hombre es capaza de sacar lo mejor y lo peor de sí mismo.
Es curioso para mí oír a la gente hablar de cosas “buenas” que poseen en su interior, pero hablar de las “malas” ya no les oigo tanto. En la sociedad  que vivimos no se permite tener lado “oscuro” y a la vez esa parte nuestra pugna por salir ya que también existe dentro de nosotros.
Desde siempre se ha intentado crear un mundo donde todo sea positivo, fácil, sencillo. Y mirando la historia, ninguna de las veces ha funcionado. No sabría el porqué de esto en casos concretos, habría que examinarlos con lupa. Lo que si observo es que en todos  los casos esa perfección ha venido de un ideal, de la mente.
Y como casi todo lo que es creado en la fantasía no puede salir de sus muros y la realidad termina por imponerse. Lo real antes o después hace arrodillarse a la fantasía.
Antes de proseguir, me gustaría hacer una distinción. Para mi es diferente la creatividad y la fantasía. Una persona tiene la capacidad de fantasear en su mente y esto puede pasar a materializarse en la realidad a través de la creatividad y la acción. Ahora, solo cuando se queda en la fantasía es donde se estable el caos emocional.
Con la fantasía ponemos en marcha la energía necesaria para que lo imaginado se desarrolle en lo real. Digamos que es como subir una escalera donde la imaginación es unos de los peldaños.
En la Gestalt se ha establecido un círculo de desarrollo de una acción desde que se rompe el equilibrio hasta que se vuelve a estar en ese estado.
Digamos que una persona está en el sofá tranquilamente, tiene la sensación de frío, se levanta va a la ventana, la cierra y nuevamente vuelve a su sofá tranquilamente. Esta secuencia de sucesos tiene un denominador común y que permite que todo se pueda desarrollar. Este denominador común es la energía.
Sin ella no hay sensación, ni necesidad, ni fantasía, ni acción, ni conclusión y mucho menos equilibrio.
Todo es movido por la energía. Los científicos llevan poco tiempo viéndola en comparación con los místicos que nos llevan hablando de ella algunos milenios.
Lo curioso de todo esto es que la energía tiene consciencia de sí misma. Se mueve de una forma peculiar, cuanta más cantidad hay más se concentra. Funciona como un imán, nunca mejor dicho. Cuanta más energía tienes más atraes hacia ti.
Einstein lo llamo la teoría de la relatividad. Un cuerpo más grande atrae al más pequeño debido a su diferencia de energía y a su atracción.
En el mundo animal pasa algo parecido. Por ejemplo, el macho más fuerte atrae a más hembras. Algo así como dijo Darwin, la selección natural perpetúa la especie del más fuerte.
Los sicólogos últimamente se han dado cuenta de esto y han sacado la sicología positiva, conductismo, etc.
Se cree que pensando en positivo la energía del ser cambia y por ende cambia su forma de ver el mundo y su vida. Y en parte estoy de acuerdo con ellos. El planteamiento, en principio, no está mal. Lo que no se han dado cuenta es de los detalles.
El ser humano es creador por naturaleza. Le gusta crear cosas: herramientas, arte, ropa, etc. Es una expresión de su interior y gracias a esta cualidad domina el mundo. Pero por tener esta capacidad, el mismo es el que ha de sentir esa sensación de crear y así llegar a la autorrealización.
Si una persona que está triste y desde fuera le imponen que ha de estar alegre. Esta alegría es falsa, ficticia. Impidiéndole que se desarrolle, que evolucione y que su poder creador no salga a la luz y no se sienta realizado.
Es cierto que como se piensa se siente y actúa. Ahora, este cambio ha de venir de dentro no de fuera. Si viene de fuera es una máscara, si viene de dentro es genuino.
Una de estas máscaras que se nos ha formado es la de la perfección. Esta condición no está mal si se establece como un espíritu de superación, de querer ser mejores. Pero solo eso, es un espíritu. La realidad es bien distinta.
Todo el que quiere ser perfecto acaba neurótico, loco o termina generando más daño con esa perfección que el que trata de evitar intentando ser perfecto.
Si la naturaleza no acepta en sí misma la perfección. ¿Por qué el ser humano trata de conseguirla? En la sociedad que me muevo veo a la gente queriendo ser mejor empresario, tener el mejor coche, el móvil de última generación, el mejor marido, el mejor padre...
Pero todos somos bipolares, tenemos dos partes. Hasta la iglesia la tiene y es normal. Si fue creada por el hombre, lo más lógico es que sea un reflejo de sí mismo. Si tratamos de ser los mejores descuidamos la otra parte nuestra, que es ser los peores. Si te centras en tu pecho, olvidas tu espalda y ella va contigo a todas partes. No puedes deshacerte de ella. Es imposible. Si sólo nos centramos en lo positivo olvidamos lo negativo que también nos enriquece.
Lo curioso es que sin querer verlo, lo negativo también hace acto de presencia. Fluye por las venas del mundo. Un ejemplo muy ilustrativo de esto es el cine. ¿Qué sería el cine sin sus malvados? O ¿de los héroes del comic sin sus villanos? Y es curioso ver que tanto en el cine como en el comic que fue inventado por el ser humano, es decir, es una expresión de sí mismo. Es un arte, es su propia creatividad desarrollada.
Por tanto, la perfección solo existe en la fantasía. Por muy bueno que sea el diseño, nace con fecha de caducidad. Ósea, en sí mismo es imperfecto.
¿Entonces de donde viene esa idea de perfección? Esta idea bien de eso mismo, de la idea y solo en ella puede permanecer. Solo en ella puede alimentarse y cultivarse. Fuera de ahí no tiene sentido. Fuera de esa imagen que queremos mostrar de nosotros mismos y que nadie se traga no tiene consistencia, no tiene sentido.
Una vez un amigo me dijo:” esto es como la halitosis, el que la padece es el último que se entera”. Y que bien cierto es.
El ser humano quiere ser perfecto y para eso crea sus dioses. Dioses perfectos, omnipotentes, no tienen lados negativos. Para la negatividad crea otros seres: demonios, villanos, infiernos, etc. Pero lo que no ve es que tanto el cielo cono el infierno están en uno mismo.
Este es mi punto de vista. Esta es la forma en que yo veo a las personas. No hay buenos ni malos. No hay energía positiva ni negativa. Para mi sería positivo-negativo, bueno-malo.
El uso de la energía de la que disponemos es lo que determina que clasifiquemos a las personas en buenas o malas. Y el uso que se le dé a esa energía viene determinado por la cantidad de consciencia de nosotros mismos que hayamos adquirido con las experiencias vividas y las enseñanzas aprendidas de ellas.
Una persona que ha aprendido poco de sus experiencias, es poco consciente de sí misma y entonces se vuelve perfeccionista. Ha cambiado lo que es por lo que quiere ser. Ósea, cambia la realidad por la fantasía. Lo real por la imagen. Y solo volviendo a la realidad puede ser consciente de ella y de lo que la rodea y por ente el mundo.
Estar en la realidad es duro, muy duro. Supone ver nuestros infiernos y ver nuestro cielo. Es fusionar dos mitades y crear un ser nuevo, único, sin partes y sin fracciones.
Esto es lo que Jesús quiso decir a Nicodemo, pero este no le comprendió.  Y es normal, no sabía de lo que le estaban hablando. Es como comparar una carreta de bueyes con un Ferrari. Aunque los dos van sobre ruedas, la cualidad es muy diferente en cada uno de ellos
Esta transformación ha de venir de dentro. Ha de hacerla uno mismo. Es cierto que un terapeuta puede ayudarte, incluso guiarte en algún cruce. Pero el camino ha de recorrerlo uno mismo y solo. Sólo en la soledad de uno mismo se produce la transformación. Sólo en el silencio con uno mismo  se comienza a ver la realidad del ser y del mundo que nos rodea.
Es necesario no ver a la perfección como un enemigo a abatir, sino como una cualidad que nos está diciendo: ¿me ves? Pues ahora mírate tu espalda. Nos quiere enseñar una realidad, y es que no somos perfectos y ahí es donde radica el milagro.
El querer y no poder es una doble polaridad, dos polos y ambos están unidos. Buda hablo durante muchos años del camino del medio y ese camino no es otro que el ser consciente de los extremos y permanecer en el centro. En el equilibrio. En la acción sin acción.














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